El documento, denominado ‘Las palabras importan’, está especialmente dirigido a comunicadores y, entre muchas otras apreciaciones, sugiere la utilización de términos como ‘problema de salud mental’ en lugar de enfermedad mental o enfermedad psiquiátrica, y hablar de ‘persona con esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno de ansiedad o depresión’ en lugar de definir únicamente al individuo por su condición de salud mental, etiquetándolo como ‘esquizofrénico, bipolar o psicótico’.

Remarca también la importancia de ‘romper’ con el falso vínculo entre trastornos mentales y violencia, ya que es habitual la percepción de que las personas con problemas de salud mental son agresivas, peligrosas y que actúan de forma irracional e inesperada, lo que no se ajusta en absoluto a la realidad de estos pacientes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 4 personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida y los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo en 2030. , Actualmente, el 12,5% de todos los problemas de salud corresponde a los trastornos mentales, una cifra superior a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer.3, Por otro lado, el inicio de estas patologías es temprano: 1 de cada 2 casos que se presentan en personas adultas comienza antes de los 15 años de edad y 3 de cada 4 antes de los 18.4 Llamativamente entre el 35 y el 50% de los pacientes no reciben ningún tratamiento o el que reciben no es el apropiado para su condición.

Para la propia OMS, la salud mental es una de las áreas más desatendidas de la salud pública. Cerca de 1.000 millones de personas viven con un trastorno mental, y la pandemia de Covid-19 está afectando a miles de millones de individuos en todo el mundo, situación que está teniendo repercusiones adicionales en la salud mental de las personas.

Por otro lado, en términos del dinero destinados a su atención, los países gastan en promedio solo el 2% de sus presupuestos sanitarios en salud mental y la asistencia internacional para el desarrollo en materia de salud mental nunca ha superado el 1% de toda la asistencia para el desarrollo en el ámbito de la salud. Esto ocurre pese a que por cada US$ 1 invertido en la ampliación del tratamiento de trastornos mentales comunes, como la depresión y la ansiedad, se obtiene un rendimiento de US$. 5 en cuanto a la mejora en la salud y en la productividad.

En paralelo, en los países de ingresos bajos y medios, casi 4 de cada 5 personas con trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias no reciben ningún tratamiento para su afección.5 La propia OMS afirma que la estigmatización, la discriminación, el carácter punitivo de la legislación y las violaciones de los derechos humanos siguen estando a la orden del día con aquellos que padecen alguno de estos trastornos. Frente a esta situación, los medios de comunicación adquieren un rol fundamental en la percepción que la sociedad tiene de la realidad sobre los problemas de salud mental. Por ello, un grupo de especialistas en Psiquiatría elaboró un documento con recomendaciones en el uso de cierta terminología para promover que los comunicadores eviten discriminar involuntariamente o etiquetar las condiciones de salud y contribuyan a que las personas con enfermedades mentales sean ciudadanos de pleno derecho.

Dicho documento tuvo un momento destacado en el foro regional “Haciendo visible lo invisible: tomando conciencia de las enfermedades no transmisibles”, que se realizó recientemente con cinco simposios virtuales con transmisión central en diversos países de Sudamérica y Centroamérica, con la participación de especialistas de la Región Andina y el Cono Sur. El encuentro fue organizado por la División Upjohn del laboratorio Pfizer y contó con el auspicio científico de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP) y otras importantes asociaciones médicas de Colombia y Chile.

Participaron de la elaboración del trabajo ‘Las palabras importan’, los Dres. Ricardo Corral y Pedro Rafael Gargoloff y como co-autores las Dras. Martina Sobrero, Ana Clara Venancio, el Dr. Marcos Yovino, la Lic. Catalina Obarrio y la Mg. Marianela Suárez.

Las recomendaciones vertidas en el documento tienen por objetivo, entre otros, contribuir a evitar que se difundan falsas creencias, mitos y estereotipos que refuercen y perpetúen la discriminación hacia las personas con problemas en su salud mental. “Afortunadamente hoy disponemos de tratamientos eficaces para los trastornos mentales y medidas que permiten aliviar el sufrimiento que causan, pero para eso los pacientes deben tener acceso a la atención médica y a los servicios sociales que les pueden ofrecer el tratamiento que necesitan. Además, es fundamental que reciban apoyo social”, afirmó el Dr. Ricardo Corral, médico psiquiatra, Presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP).

“Llamativamente, hoy en la sociedad se presenta una situación paradojal: por un lado, se ha avanzado mucho en lo que respecta al aporte de la ciencia en el diagnóstico, tratamiento y tecnologías disponibles al servicio de las enfermedades mentales, pero -por otro- socialmente sigue siendo un tema que presenta un fuerte estigma y mucha discriminación: incluso en la propia comunidad médica uno encuentra los mismos prejuicios. Toda esta situación genera mucha angustia tanto en los pacientes como en sus familiares”, explicó el Dr. Pedro Rafael Gargoloff, médico psiquiatra, colaborador profesional de Asociación de Ayuda de Familiares de Personas que padecen Esquizofrenia, grupo de ayuda mutua de La Plata.

“El cambio incluye desde apelar a la utilización de términos como ‘problema de salud mental’ en lugar de enfermedad mental o enfermedad psiquiátrica, y hablar de ‘persona con esquizofrenia, trastorno bipolar, trastorno de ansiedad o depresión’ en lugar de definir únicamente al individuo por su condición de salud mental, etiquetándolo como ‘esquizofrénico, bipolar o psicótico’, hasta de ‘romper’ con el falso vínculo entre trastornos mentales y violencia, ya que es habitual la percepción de que las personas con problemas de salud mental son agresivas, peligrosas y que actúan de forma irracional e inesperada, lo que para nada se ajusta a la realidad de estos pacientes”, sostuvo el Dr. Corral, quien se desempeña como Jefe del Departamento de Docencia e Investigación del Hospital Borda. “En ese sentido, la comunicación juega un rol muy importante para cambiar este escenario”, agregó.

El documento destaca que ‘en muchas ocasiones, sobre todo en redes sociales que fomentan la utilización de enunciados breves y llamativos, se titulan anuncios periodísticos asociados a un diagnóstico de salud mental de forma alarmante y morbosa para captar la atención del público. Como consecuencia, quedan en relación estas situaciones fortuitas con los diversos problemas de salud mental. Particularmente, es común encontrar sucesos de violencia puestos en relación con trastornos de la salud mental, mientras que no existe evidencia científica sobre la existencia de dicho desorden.

“De hecho, con frecuencia las personas con trastornos de salud mental son víctimas de hechos de violencia y no agresores. Por esto, la recomendación es nombrar los problemas de salud mental de forma contextualizada y sólo cuando es imprescindible para entender la noticia”, consignó el Dr. Gargoloff.

“Si este trabajo contribuye para que comencemos a tratar con respeto a las personas con problemas de salud mental, desterrar los mitos y los estigmas que los rodean, indirectamente habremos contribuido a edificar una sociedad un poco más justa”, concluyó el Dr. Corral.

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