El reconocido dirigente del Club Sarmiento, José Falconat, fue homenajeado tras dejar la presidencia de la Entidad, y no oculta su emoción. Medio siglo vinculado a un Club de sus amores. Presidencias con logros inolvidables para la institución y un vínculo siempre especial con el socio, que lo llevaron a ser concejal y participar de otras instituciones dolorenses. En esta charla nos cuenta desde el principio, su historia.

 

  • ¿Cómo fue su niñez y adolescencia?

No tengo estudios, fui hasta segundo año, tuve que dejar para trabajar. Mi mama quedó viuda muy joven, mi padre falleció cuando yo aún no había nacido. Nací un mes después de la muerte de mi papá. Lo conocí solamente por fotos. Tuve de que dejar la escuela para trabajar. La figura que tuve para reflejarme desde chico siempre fue mi vieja, que se puso al hombro la crianza de cuatro hijos. Había que aportar para la casa, trabajar, yo laburo desde los 13 años, primero de repartidor en un almacén. Lo que ganaba lo dejaba para la libreta de fin de mes. Mi infancia fue muy precaria, económicamente muy justa, era un niño que tenía que trabajar. Todo era medido. Veía pasar a un chico con una bicicleta y solamente la miraba. Tuve mi primera bici a los 17 años, era un cuadro con dos ruedas.

 

  • ¿Cuál fue su primer contacto con el Club?

Llegue en 1971 para jugar al futbol, por intermedio de un familiar. Jugué toda mi vida en Dock Sud, después pase un año a Ferro –una gente maravillosa la de Ferro-. Les pedí el pase, me lo dieron y vine a Sarmiento. Jugué muchos años en primera división, me encariñe con el Club y me quedé. Más tarde vino De Cicco, me puso en la Comisión cuando todavía era jugador de futbol. Era el más chico de esa Comisión. Seguí jugando, me pusieron de técnico de la primera, aunque no era lo mío lidiar con los grandes, aunque estuve tres años. Igual, siempre tratando de cumplir, la palabra plata no existe para mí en el Club Sarmiento. Salimos terceros, cuartos, no era lo mío ser técnico. Teníamos buen equipo, pero Ever Ready y Ferro tenían muy buenos equipos y era el clásico de la ciudad. Seguí vinculado toda la vida con Sarmiento. Cuando llegué fue simplemente como jugador de futbol común, pero me fui quedando y nació un sentimiento mucho más profundo del que me imaginaba. Cuando me tocó ser presidente lo que podía ofrecer era humildad, honestidad y trabajo.

 

  • ¿Lo convocó Ricardo Morello?

Sí, Ricardo Morello, el presidente anterior a mi gestión, me vio para integrar su Comisión, él estuvo dos años solamente, fue quien hizo la cancha de futbol. Tuvimos la suerte nosotros, la omisión siguiente, de habilitarla como estadio. La cancha se llama en su honor, “Ricardo Morello”.

 

  • ¿Cómo encaró su trabajo en Sarmiento?

A Sarmiento le puse la vida, yendo a trabajar sábados y domingos también. Siempre estuvo Héctor Taylor, trabajábamos a la par. No le tuve miedo a ningún trabajo, encaraba lo que fuera. La dirigencia, a diferencia de ser técnico, era lo mío. Hay que estar bien con los socios, con la gente, y eso se logra con honestidad, humildad y responsabilidad. La pileta estuvo como 40 años abandonada, encontrabas cualquier cosa ahí adentro en esos años. Hubo que modificar todo, la plomería de los vestuarios, hacer electricidad. Ahora se siguen haciendo obras, por ejemplo un vestuario que tiene los cerámicos amarillos viejos y la nueva comisión los va a reemplazar. Está muy lindo igual el Club. Pero siempre hay que invertir, es interminable la labor para hacer siempre en una institución así.

  • ¿Cómo hicieron para recuperar y ganar nuevos socios?

Apenas teníamos 200 socios. Para lograr socios nuevos, tuvimos un éxito impresionante con la organización de una rifa. Un reconocido Director de la Unidad de Sierra Chica, Corosido, nos trajo un camión y acoplado de pedregullo. Cuando la gente vio ese camión y acoplado en la pileta, otro camión con acoplado con arena rubia, la gente empezó a hacerse nuevamente socia. Compramos hierros y vieron que la cosa era en serio, que había movimiento. Con lo recaudado en aquella rifa compramos el material. Sorteamos un Renault 12, un autazo por entonces, muy buscado, 0Km. Hicimos otra rifa que vendimos también hasta el último número, y con ese dinero le pagamos a un losista, Hugo Augusto, excelente persona, que nos hizo la pileta, compramos el equipo de filtro y construimos la cabina. Fue un antes y un después para el Club, fue asegurar el futuro de la Institución. Hoy a la sede va poca gente, al gimnasio, algunas actividades. Pero teniendo predio deportivo la convocatoria siempre es mayor.

 

  • ¿Cuánto tiempo ocupó la presidencia?

Veinte años seguidos. No me cansaba. Debo ser el que más perdió en lo personal, en lo económico, porque al taller mío estaba lleno de sillas, mesas, reposeras para arreglar, las que arreglaba en mis ratos libres junto al chico de Lucchetti que trabajaba conmigo. Hicimos muchísimos trabajos en el taller, incluso portones. Después de diez años me volvieron a convocar y regresó con esta última Comisión. Mi intención era estar un año solamente y pasarle la posta a otro, pero no pudo llamarse a Asamblea, por la pandemia. Últimamente me sentía cansado, y hablé con la Comisión para dejar, lo tomaron muy bien, me comprendieron. No me sentía muy bien de salud, los años llegan. Pero estoy para colaborar siempre, en este caso lo voy a hacer con el deporte que me trajo al Club, con el futbol, y con lo que necesiten. Pero sin el compromiso de siempre. Como colaborador.

 

  • ¿Le sorprendió el homenaje?

No me lo esperaba. Inés Pettina me invito a almorzar a su casa, estaban haciendo el asado, su marido Fabián Gutiérrez, Carlitos Baliani y su esposa, la chica de Lazzaro que está en la Comisión también. Notaba que tardaban mucho y yo siempre iba a las 13:30 o 14 a la pileta, nunca deje de ir, más tarde que eso no iba. Veía que me retenían, tenía nervios, no sé qué me pasaba. Tipo a las 15 comimos una picada, asado, halado. Y antes de las 16 se fueron todos supuestamente a hacer un mandado, quedo con Inés, me lleva a la pileta y ahí la sorpresa.

 

  • ¿Algo en especial que lo emocionara?

Todo, estaba mi familia, mi hija Julieta, que vive en Campana. Tengo tres hijas. No sabía que ella iba a estar. Fue emocionante. Les hable a los socios, los adoro, son muy fieles, siempre bancaron. Agradecí a la comunidad en general, comerciantes. Me entregaron una plaqueta hermosa… y ahí convocaron a mi hija Julieta para que me la entregue, me largue a llorar en un abrazo. Fue una fiesta maravillosa, inesperada, que agradezco a esta Comisión; las diferencias que pudimos haber tenido pasaron al olvido.

 

  • Mirando atrás, ¿cómo ve esos años de dirigente?

Fue una etapa muy linda de la vida. He pasado buenas y todo tipo de situaciones, anécdotas para toda la vida. Y estoy contento porque logré que la gente me quiera, por el apoyo y los vínculos que quedan. El Club me llevó también a que me eligieran Concejal junto a Rafa Peñoñori, un señor. Estuve en el Club Argentino de Servicio Ciudad de Dolores, donde fui presidente. También en el Centro de Jubilados de calle Ricchieri, en una Comisión, colaborando. En Sarmiento nos acompañó siempre Pipi Juárez, que integró la primera Comisión y que es siempre parte del Club. Tuvimos una Escuela de Futbol excepcional con Miguel Castillo y Quito Galay, fueron años muy positivos para el Club. También Daniel Sachella, muy buen tesorero, que compartió la comisión conmigo. Fuimos elegidos un año como la mejor Institución, recibimos un premio. Fue un enorme orgullo.

 

  • – ¿Va a ver a Sarmiento cuando juega?

Sí, ahora siempre voy, antes no podía porque tenía que trabajar en el Club cuando había bingo y en los bailes de gente mayor que se hacía a las cinco de la tarde. Eso no me permitía ir a ver al Club cuando juega. Ahora si voy a poder.

 

  • ¿Qué mensaje deja para los dirigentes de ahora y los que vendrán?

Tener la camiseta del Club puesta y sentirlo, es una casa más que uno tiene. El apoyo del socio es lo mejor, son como familiares, se comparten momentos únicos.

 

  • ¿Algo que desee agregar?

Me pone feliz también haber tenido buenas relaciones con otras instituciones y con toda la comunidad. Cada vez que necesitamos algo para el Club la gente nunca nos falló. Este es el regalo que puedo dejarle a un hijo, el cariño de la gente, el trabajo que uno hizo con mucho amor y cariño, y que el Club siga yendo para adelante. La Comisión, los socios, que sepan que las puertas de mi casa siempre estarán abiertas para colaborar con el Club.

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