Sin dudas que uno de los majestuosos edificios que tiene la ciudad es el de Tribunales, que realza por su ubicación en pleno centro, sus dimensiones y en especial por su diseño arquitectónico.

Antes de referirnos a como se gestó y construyó realizaremos un breve racconto de la justicia departamental comenzando por recordar, que por Ley 1578 de noviembre de 1853 se habían creado tres Departamentos Judiciales, uno en la ciudad de Buenos Aires, otro del Norte con sede en Arrecifes y el del Sud, disponiendo que en ellos actuaría un Juez Letrado en materia Criminal pero si las partes lo consentían también podía hacerlo en materia civil. En Dolores desde 1854 funcionó el juzgado del crimen, cuyo primer Juez fue el Dr. Manuel Coronel.

En 1874 –año que Dolores fue designada como ciudad- el gobierno dispuso la descentralización de la administración de justicia, creando en nuestra ciudad otro juzgado en lo criminal, uno en lo civil y la cámara de apelaciones, y pasando a ser cabecera del “Departamento Judicial del Sud”.

La primera sede de las dependencias destinadas a ese tribunal ocupó una amplia casona de la calle Buenos Aires, produciéndose en 1877 el desplazamiento de esas oficinas judiciales a la parte anterior del recién inaugurado edificio de la cárcel local, donde la administración de justicia funcionó por espacio de unos 25 años.

La necesidad de concentrar en un mismo lugar las distintas reparticiones judiciales, motivó al dolorense y entonces senador Julio M. Facio a presentar un proyecto para la construcción de un edificio, el que se autorizó en octubre de 1912 por Ley 2.447 y donde se previó invertir 300.000 pesos para la obra.

En una reseña que publicara el fallecido Profesor José Fernando Selva en la edición de diciembre de 1982 en la “Revista Jurídica de Dolores, señalaba que a través de una suscripción popular se había adquirido en calle Belgrano el inmueble que anteriormente había ocupado la “Cofradía de San José” con su asilo de niñas huérfanas, lugar al que después se añadiría la finca lindante que pertenecía al Dr. Alfredo Anguisola y que fue expropiada.

La casa adquirida, de altos, como por entonces se decía, fue reconstruida totalmente para albergar todas las dependencias judiciales, pero un ciclón que azotó la ciudad en enero de 1912 y que provocó la caída de cornisas y de su techado hizo que tuviera que ser desalojada, pasando las dependencias a funcionar en tres casas ubicadas distantes entre sí y que por ello complicaban las prestaciones del servicio judicial, razón por la cual se tomó la decisión de acelerar la construcción de un nuevo edificio.

Su construcción, que en cierta manera significó dar estabilidad al poder judicial departamental, estuvo a cargo del arquitecto italiano Oreste Santospago, que contaba con una amplia trayectoria profesional en construcciones públicas en la provincia de Buenos Aires y que precisamente había llegado a nuestra ciudad para levantar el nuevo edificio del Hospital San Roque cuyo concurso había ganado.

Se conoce que el edificio fue terminado en 1918 pero sin existir constancia que certifique que ese año fue inaugurado, aunque la placa que luce en su hall indica que corresponde oficialmente al de su inauguración.

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