El pasado sábado la Pulpería y Almacén Sol de Mayo fue el marco y el centro del comienzo de este programa de la provincia que, por gestiones del Director del Museo Libres del Sur, Gastón Baraglia, dio comienzo en nuestra ciudad.

Estuvieron presentes además de Alejandro Quinteros y sus padres, “Chiquita” y Santos, propietarios del lugar, funcionarios provinciales, artistas y gestores culturales y de nuestra historia como los Prof. Verónica Meo Laos y Mauricio Calabrese. Hubo mucho público y se vivieron momentos muy interesantes y valiosos que destacaron nuestra identidad a partir de relaciones con el pasado y presente de las pulperías y establecimientos históricos en nuestra región.

La Prof. Meo Laos, que tiene una larga trayectoria de enorme aporte a la cultura local y también a nivel provincial y nacional, con investigaciones y libros publicados, y coordinando visitas muy valiosas e intercambios culturales a nivel internacional. En este caso presento la muestra fotográfica “DDD – Diálogo de dos desiertos: La pampa / Arabia Saudita”, del fotógrafo saudí Hesham Alhumaid.

Los conductores agradecieron a Florencia Saintout, Presidenta del Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, “que recepcionó esta idea, que es ni más ni menos que hacer una cartografía de esto que es cultural, de ramos generales”.

Mauricio Calabrese hablo primeramente sobre la fundación de Dolores, y la re fundación después del incendio en 1821, para dar marco a una semblanza sobre las pulperías en la zona:

“En 1874 llega el Ferrocarril a Dolores, se convierte en punta de riel. En lo que se refiere a pulperías hay un relato muy pormenorizado de un viajero francés llamado Horace Armagnac que viaja por esta zona del Salado entre 1869 y 1874. Claramente se distinguen dos o tres tipos de pulperías. A medida que se van alejando de la Ciudad de Buenos Aires las construcciones son más rusticas, y los productos son menos y de menor calidad. Tenemos una pulpería, La Azotea, en Lezama, que nace con dos recintos, dos habitaciones, y se va ampliando porque el dueño se va a vivir al lugar, y sigue construyendo al estilo de casa “chorizo”, una habitación unida a la otra, después lo cierran al recinto. Se podía encontrar alojamiento para pasar la noche, y la noche podía ser aprovisionada de alimento, bebida, aguardientes, vinos, frutos secos, conservas como sardinas en aceite, o podía jugar, dormir, alimentar caballos. Las habitaciones eran cómodas, con sábanas y frazadas. Pero si pasamos a esta banda del Rio Salado, veremos que tenemos una serie de pulperías acá en Dolores y llegando a lo que hoy son Sierras de Tandil, que son más rusticas. En Dolores particularmente eran un rancho dividido en dos, con una puerta al norte y otra al sur. En una habitación se atiende a la gente, un fogón en el medio, se cocina en ollas de hierro, se asa, y después se sirven un guiso y un caldo, y de postre un café. Con poca vajilla, dos o tres catres de campaña, o sea venían 6 o 7 personas y dormían las mujeres en los catres. Armagnac describe que en una de las habitaciones, pensando que era una pieza, encontraron un billar, mirábamos y no encontrábamos cama. El billar se convierte en cama, y todos los varones duermen arriba, son frazadas, y no con el lujo de las sabanas.

Y a medida que uno se aleja todo empeora. Para pasar el Salado, una diligencia desenganchaba los caballos, la enganchaban con bueyes, cruzaba el rio, y del otro lado – el rio en época normal tenía 150 metros de ancho – enganchaban los caballos y proseguían el camino. Y la gente que iba dentro del carruaje solamente atinaba a mojarse los pies o a levantarlos, y a veces ni eso. La Galera de Dávila, que está en el Museo Libres del Sur, es fiel reflejo de eso, lleva una baranda encima ya que el equipaje iba arriba y se ataba para que no se moje. Las condiciones empeoraban alejándose de las grandes urbes.”

A continuación actuaron los payadores locales Susana Repetto y Emanuel Gabotto, que además de ser madre e hijo pertenecen a un paraje inmediatamente vecino a Sol de Mayo, Loma de Salomón. Por lo tanto, su actuación fue doblemente aplaudida. Ambos pidieron palabras y frases para improvisar, y no defraudaron, al contrario, salieron de forma brillante con versos improvisados.

Finalmente actuó la cantante quilmeña Antonella Restucci, que recibió grandes aplausos y fue muy bien recibida.

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