por el Dr. Héctor Ulises Napolitano

 

Cuesta ser optimista en los tiempos que vivimos, y más en Argentina donde hay una crisis económica estructural que no nos da tregua para pensar en algo que pueda ser alentador y positivo.

Sin embargo, a mi entender, el pesimismo y el optimismo no deben ser estados de ánimo puramente emocionales, sino, por sobre todo, racionales, es decir productos del análisis de la realidad, no solo presente e inmediata, también mediata y futura.

Los indicios son señales posibles pero además probables, y según etimológicamente la palabra “crisis” significa tiempo para crecer, lo que implica que ofrece oportunidades, que a veces se las ve y aprovecha, y en otras no, cuando el árbol que en este caso sería la coyuntura, es decir el presente inmediato, no nos deja mirar el bosque, que es lo que detrás se vislumbra.

Los indicios se basan en hechos reales que infieren la probabilidad de que ocurran, por lo que no hay que confundirlos con las simples conjeturas, expresiones de deseos y falsas expectativas.

La guerra entre Rusia y Ucrania si bien ha agregado adicionales consecuencias negativas a las que ya sufrimos y venimos padeciendo económicamente, ha traído en el contexto internacional una crisis energética y alimentaria, que afecta incluso a los países más desarrollados.

Dicha guerra que hasta ahora no tiene visos de terminar, sino, por el contrario, de dilatarse en el tiempo, tiene como trasfondo otra que es de difícil reconciliación, aun cesando en lo bélico militar, que es el enfrentamiento de la OTAN con Rusia y sus aliados, entre los que se encuentra China.

Buena ha sido y es por supuesto en mi opinión, la visión y postura diplomática argentina de insertarse y participar tanto en el G20 como el G7 y a su vez incorporarse al BRICS.

En un mundo globalizado y multilateral como el actual, es importantísimo saber insertarse en él, sin prejuicios ideológicos, sino pensando únicamente en el interés nacional.

Yendo concretamente a las oportunidades que los efectos de dicha guerra pueden brindarles a Argentina, está en primer lugar la crisis alimentaria mundial, que según la ONU puede generar hambruna en varios países.

Argentina es uno de los que más produce alimentos, por lo que las exportaciones van a aumentar en tal sentido, tanto en materias primas como en manufacturas relacionadas a ese rubro.

En cuanto a la crisis energética que tal guerra ha generado, según el presidente del Banco Central, nuestro país en la actualidad destina 2.000 millones de dólares en la importación de gas, teniendo paradójicamente el yacimiento gasífero como Vaca Muerta, que es el segundo en importancia en el mundo.

La decisión de abrir la licitación para la construcción de un gasoducto, cuya inauguración y puesta en marcha ha sido anunciada para mediados del próximo año 2023, no solo garantizaría el autoabastecimiento sino la exportación por ahora a Brasil, pero seguramente a varios países no solo de América sino también de Europa, lo que abre una nueva oportunidad comercial en materia de exportaciones, con un ahorro y un incremento de divisas, fundamental ante la falta de ellas en la actualidad y para la estabilidad de la economía.

Las oportunidades que vislumbro son verosímiles y probables. Pero como la economía depende de la política y ésta de los políticos, es de esperar que el actual y en especial los futuros y sucesivos gobiernos las aprovechen para superar la grave crisis socio económica en la que estamos inmersos.

Como podrán advertir, soy más optimista que pesimista, porque recursos y oportunidades hay.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *