Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano

 

Si bien no he hecho una especialización en criminología, conozco más o menos el tema por tener trato con delincuentes a raíz de mi función como abogado durante muchos años en el Servicio Penitenciario. Incluso me interesó tanto el tema que hasta ensayé una suerte de tipología de ellos, en cuanto a la personalidad y delitos que cometen.

Recuerdo una frase del jurista penalista Dr. Sebastián Soler que dice: “ser delincuente no es la condición de ciertos hombres, sino la condición posible de la libertad de todos”.

Con dicha frase el mencionado jurista procura contrarrestar la concepción de Lombroso que pretendía individualizar al delincuente por tener determinadas características físicas y biológicas, teoría totalmente superada por una sociológica y cultural, y sin duda también evitar la estigmatización de las personas que delinquen, pues la idea que de ella se infiere es que cualquiera en el uso de su libertad puede llegar a cometer delitos y convertirse en delincuente.

En realidad y en principio es así, si partimos del hecho que en toda persona existe el bien y el mal, y que muchas veces internamente suelen ambos hallarse en puja por quien prepondera.

Aunque más no sea de palabras cuantas veces hemos amenazado o mínimamente pensado para sí querer matar a alguien, lógicamente sin hacerlo, pero el instinto criminal está en todos.

También la frase del filósofo Ortega y Gasset “el hombre y sus circunstancias” (yo, soy yo y mi circunstancia), cabe para identificar a ciertos delincuentes, que, sin premeditación de serlos, reaccionan por no saber contener sus impulsos emocionales, cometiendo delitos de los que luego se arrepienten y hasta llegan a suicidarse por la culpa que sienten por haberlos hecho.

Las circunstancias imprevistas y consiguientemente no provocadas los lleva emocionalmente a cometerlos, sin haber pensado antes en llegar a tal extremo, por no tener una intención proclive a lo delictivo.

Son los que yo llamo delincuentes ocasionales o circunstanciales, generalmente cometen delitos pasionales o por estado de necesidad, y no tienen de antemano una conducta inclinada hacia el delito.

También, no igual pero similar, los son quienes cometen delitos por padecer de adicciones a las drogas o al alcohol, pues son dichas sustancias las que los transforman en delincuentes, tanto en delitos cometidos por imprudencia (homicidios culposos generalmente por accidentes de tránsito), homicidios, lesiones o daños en estado de perturbación mental y emocional, etc. Son los que yo llamo delincuentes adictivos, que suelen además robar para comprar tales sustancias, especialmente drogas, en estado de abstinencia, y ansiedad profunda. Son delincuentes que resultan peligrosos, pero tan enfermos como los que delinquen por padecer alguna alteración morbosa de sus facultades mentales, aunque son imputables por tener conciencia de la criminalidad del hecho que cometen.

Distintos son los delincuentes sexuales, que tienen una personalidad perversa y psicópata.

Dichos delincuentes además de peligrosos, son en la mayoría de los casos reincidentes. Algunos son, producto de una falta de educación moral que los lleva a naturalizar el tener relaciones sexuales con sus hijos o nietos.

En el caso de los femicidas son personas violentas, que generalmente se han criado en un ambiente de violencia hacia ellos o hacia sus madres, madrastras, hermanas, etc. También en personas alteradas mentalmente o con graves problemas en sus conductas emocionales. Las adicciones también son un disparador de tales delitos.

Otro tipo de delincuentes son los psiquiátricos, es decir los que padecen enfermedades mentales. Son inimputables, ya que no tienen conciencia de la criminalidad de los actos, ni son capaces de dirigir sus acciones.

Los delincuentes psicópatas no son considerados enfermos mentales, por lo que son imputables y los más peligrosos ya que actúan fríamente, a veces por placer y no tienen sentimiento de culpa. Un caso emblemático, es el de Robledo Puch. Además son casi siempre reincidentes.

Sus principales delitos robo, homicidio y abuso sexual.

Están también los que yo llamo “delincuentes por elección”, que son aquellos que han elegido ser delincuentes como medio de vida y vivir de lo que obtienen de los delitos sin trabajar. Generalmente cometen ilícitos contra la propiedad (hurto, robo, estafa, defraudaciones, extorsión). En la Argentina es la franja más numerosa y casi siempre son reincidentes. Se estigmatiza a quienes son pobres, pero los hay de todas las clases sociales. Mucho ha influido en este sentido el consumo de drogas y la necesidad de comprarla.

Reflexiones “quien delinque y siendo culpable se dice ser inocente y no se arrepiente, es verdaderamente un delincuente”. “Existen los condenados y encarcelados, los de guante blanco que con privilegios son tratados y en poco tiempo excarcelados, y algunos que mal juzgados suelen pagar culpas de otros”.

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