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Ayer en Colegio de Magistrados Dolores.

Estuvo organizada por el Colegio de Magistrados Dolores y la Universidad Atlántida Argentina. Los panelistas fueron el Dr. Darío Andrinolo, Lic. En Biología, Dr. En Ciencias Biomédicas e investigador del CONICET; el Dr. Marcelo Morante, docente de la Facultad de Medicina de La Plata y Coordinador Nacional de la capacitación médica sobre el rol del cannabis en la medicina moderna, del Ministerio de Salud de la Nación; y Laura Alasi, primera mamá autorizada para ingresar el producto al país para el tratamiento de su hija.

 

Dr. Marcelo Morante: “La ley tiene como virtud haber potenciado la investigación. Pero tiene algunas dificultades en el acceso al producto, que cuesta hoy 500 dólares. En Argentina el marco regulatorio tendría que trabajar duramente en lograr un producto de bajo costo y de calidad”

 

 

Ayer a las 16 horas en el salón del Colegio de Magistrados, se desarrolló esta conferencia ante un excelente marco de público. El Dr. Santiago Cremonte, Pte. de la institución, abrió la jornada agradeciendo la presencia de los invitados y el público, y también el trabajo conjunto con la UAA, Dr. Juan Pablo García, Delegado Rectoral de esta institución agradeció a su vez al Dr. Cremonte y la buena predisposición del colegio, y al Dr. Miguel Rossi, Defensor Federal, por la apertura para tratar estos temas de actualidad.

Para conocer mas sobre el tema entrevistamos el Dr. Marcelo Morante:

 

¿Cómo observa a la sociedad en relación a este producto?

Claramente creo que hay una expectativa social, a veces desmedida, producto de la desinformación. Capacitar tanto al médico como a la sociedad en general, ya que – esta y esta es una pregunta frecuente en nuestros consultorios  – muchas veces ante la pregunta del uso antes de 2017 el médico contestó “esto está prohibido”, y posteriormente contestó “esto no tiene evidencia”. Me parece que hoy no hay tanto de prohibición porque ya tenemos ley, y la evidencia puede ser analizada detenidamente en cada síntoma en particular. Uno podría decir que, si bien no hay evidencia de calidad metodológica, sí hay evidencia para determinados usos como para la epilepsia refractaria.

 

¿Qué significa el resultado del estudio hecho en el Hospital Garrahan sobre el uso de cannabis medicinal en niños con esta patología?

Es un estudio fundamental. Nos marca qué se define por cannabis medicinal. El mundo definió que existe cannabis medicinal toda vez que tengamos un producto con estándares de calidad médica, más un experto en la temática que acompañe. El Hospital Garrahan significa que tenemos los expertos en epilepsia en un hospital de referencia, y un producto de calidad que tiene origen canadiense. Esos dos elementos trascendentales, cuando uno habla de cannabis medicinal, nos marcan el norte. El Garrahan comenzó en octubre de 2018 con este estudio observacional, y hoy, a casi más de un año, tiene resultados bastante alentadores.

 

¿Qué ocurre con la comercialización legal del producto?

Creo que la ley tiene como virtud haber potenciado la investigación. Un caso es el del Garrahan. Potenció la capacitación, que es a lo que me dedico. Pero tiene algunas dificultades en el acceso al producto, hoy los padres no acceden fácilmente porque el trámite no es tan sencillo o porque el producto es de alto costo. Un producto de cannabis a nivel extranjero cuesta hoy 500 dólares. En Argentina el marco regulatorio tendría que trabajar duramente en lograr un producto de bajo costo y de calidad. Esa es la deuda me parece de este marco regulatorio.

 

¿Qué ocurre con pacientes a quienes se autoriza el uso de cannabis y padecen enfermedades de las que tiene que hacerse cargo el Estado?

El Estado puede brindarlo hoy solamente en el contexto de la epilepsia refractaria. Cada vez que salimos de ese diagnóstico, hoy uno no podría acceder a un producto de calidad. Entonces se ha generado un mercado paralelo no controlado, de sustancias no controladas, que nos preocupe mucho a los médicos. Esto de que el programa acote una patología y que el uso sea mucho mayor, nos pone en una situación de vulnerabilidad. Porque si estos aceites no son de una gran calidad, podrían de alguna forma hacernos mal. El Estado tiene que salir rápidamente de esa situación.

 

¿Hay muchas expectativas?

Para dar un ejemplo, un hijo viene con su padre con algún tipo de neoplasia a pedir cannabis medicinal para curar su tumor, su cáncer. Es una expectativa desmedida. Y muchas veces no accedió a los cuidados paliativos. Uno debiera recomendarle al paciente que primero debe tratar de tener estos cuidados, y el cannabis en el contexto del cáncer no aparece como una medicina curativa, sino como paliativa de determinados síntomas. Ahí uno informando adecuadamente, equilibra la expectativa.

 

¿Qué preguntas frecuentes le realizan en las capacitaciones y charlas?

Uno trata de recorrer algunas cuestiones de la planta, porque los médicos, si de algo sabemos poco, es de la planta de cannabis. Después nos preguntan sobre las patologías que tienen mayor evidencia para usarlo. Cuál sería la mejor forma de entrega, si vaporizada, fumada, gotita. Cuáles son los efectos adversos a largo plazo. Y que evidencia de alguna manera, sostiene a este uso. Nosotros siempre hacemos hincapié en el marco regulatorio, porque no podemos olvidar que es una sustancia controlada. Entender el marco regulatorio de una sustancia controlada es fundamental, porque eso explica quizás la actualidad de nuestro país.

 

¿Cuál es la presentación del producto en nuestro país?

Hoy Argentina solamente dispone de aceite de cannabis. Pero yo me formé en Canadá, donde se usan formas inhaladas, y también existen cremas y parches. Hoy nuestro país solamente dispone de un aceite que es rico en uno de los compuestos activos, en más de un 90%. Es un producto poco psicoactivo, y eso se enmarca por la patología que se quiere tratar. Si uno quiere tratar otro tipo de patología, tendría que hablar de otro tipo de formulación.

 

¿Por qué en Canadá está más desarrollado el tratamiento?

Claramente ellos comenzaron con esto en 2001. Todos proceso regulatorio sufrió modificaciones y se fue adecuando a la realidad. Esto es impulsado, no desde la sociedad científica sino desde la sociedad en general. De alguna forma el marco regulatorio y la sociedad científica se han tenido que ir adecuando a lo que la gente va tratando de traccionar. Este es un dato para mí interesante, porque este camino recorrido diferente hace que, por ejemplo, los médicos tengamos que escuchar mucho más al paciente, entender mucho más cuando el paciente se empodera de una herramienta que cree que le va a hacer bien. Habitualmente somos nosotros quienes definimos las herramientas, y aquí se da a la inversa. Eso democratiza y vuelve más humano al vínculo. Y para mí es un desafío educativo.

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