Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano

 

Primero fue “la fiebre del oro”, luego “el boom del petróleo” y ya desde el presente y en un futuro no muy lejano, lo que yo me atrevo a denominar como “la sed del agua”.

“La fiebre del oro” como fue llamada tuvo lugar durante el siglo XIX, especialmente en Estados Unidos en territorios de California, también en Australia, siendo Sudáfrica el país del mundo con mayor reservas, más del cuarenta por ciento de la producción mundial.

El oro es el metal más escaso y el más valioso al mismo tiempo, de allí que fue adoptado como patrón internacional y como reservas de los Estados hasta la irrupción del dólar estadounidense que ocupó su lugar, aunque desde hace algunas décadas ciertos países volvieron a contarlo entre sus reservas, por su valor que sigue inalterable a pesar del paso de los siglos.

A “La fiebre del oro”, le sucedió “el boom del petróleo”, con nacimiento también en Estados Unidos en el año 1901, descubrimiento ocurrido en una colina en las afueras de la ciudad de Beaumont, al este de las llanuras de Texas, convirtiéndose el petróleo en el bien más deseado del mundo, uniéndose luego nuevos descubrimientos en las afueras de Tulsa, Oklahoma, al norte y aún más, en Louisiana. Sus primeras compañías Gulf, Sunoco y Texaco se hicieron millonarias.

Por su parte el boom del petróleo en Medio Oriente comenzó en 1909 con el descubrimiento de la compañía Anglo Persian Oil en Persia, actualmente Irán, de un pozo de 15 metros, por lo que Inglaterra construyó el primer gran oleoducto de Medio Oriente en 1910. Comenzando allí la codicia de las potencias occidental sobre el petróleo de países de Medio Oriente, que continúa hasta la actualidad. Siendo los países del mundo con mayor producción de petróleo Irán, Irak, Arabia Saudita y Venezuela.

Todos sabemos lo que hasta hoy representa el petróleo, llamado desde sus orígenes ”el oro negro”, para el mundo como industria propiamente dicha de productos como la gasolina, nafta, querosén, gasóleo, etc., utilizados con fines energéticos (usinas térmicas generadoras de electricidad) y en la industria especialmente petroquímica para la obtención de productos sintéticos a partir del petróleo.

Dicho hidrocarburo ha sido la causa de varias guerras no solo económicas sino también armamentistas, especialmente entre Estados Unidos y países de Medio Oriente, en la mayoría de los casos disfrazadas por algún pretexto de carácter político internacional.

El petróleo es un recurso no renovable, es decir que se agota y además muy contaminante, para el medio ambiente, de allí que se haya recurrido a otras fuentes de energía como la hidroeléctrica, la eólica, la solar, la biomasa, que son naturales y renovables, es decir inagotables porque las da la naturaleza, y por consiguiente también no contaminantes.

En tal sentido, cabe destacar que Argentina es uno de los países pioneros en cuanto a la experimentación de energía solar, a través de un inventor argentino, Ariel Ciro Rietti, que a principios de 1970 construyó una nave en la azotea de su casa con un equipo especial de energía solar y cinco años más tarde fabricó el primer auto solar de la Argentina, el Ariel RA, sobre un chasis de un Citroën 3 CV.

Los problemas ecológicos son centrales hoy en el mundo, por el efecto tóxico y contaminante para el medio ambiente de los combustibles y gases, derrames de petróleo en océanos, mares y ríos por buques petroleros e industrias que arrojan desperdicios de dicho combustible, contaminando también el aire, especialmente las grandes ciudades, originando junto a otras depredaciones del hombre a la naturaleza como tala de selvas, bosques, desertización del suelo, etc., cambios climáticos que atentan contra la existencia de los ecosistemas, extinción de especies animales y vegetales, produciendo también la sequedad de espejos de agua y de ríos que antes eran caudalosos.

Un ejemplo en Argentina lo tenemos frecuentemente en el río Paraná que en algunos tramos suele secarse de manera alarmante y a veces por un tiempo prolongado debido a la falta de lluvias.

Respecto al mismo río, en los últimos años es transitado por buques cisternas extranjeros que vienen ilegalmente a llevarse agua, pues precisamente ese elemento vital está agotándose y es escaso en varios países, que en muchos casos carecen totalmente de agua potable, varios de Africa por ejemplo, costando carísima desde hace tiempo en ellos una botella de agua para beber, y mucha más si es mineral, incluso en países económicamente desarrollados, por ejemplo los europeos.

Así como sucedió la llamada fiebre del oro, luego el boom del petróleo, llamado “oro negro”, va a suceder lo que yo he denominado en esta nota “la sed del agua”. Cosa que está pronosticada por expertos y científicos.

A punto tal eso es cierto y ya es realidad, que el agua, aunque parezca mentira, se ha empezado a cotizar en Bolsa. En efecto, desde 2018 se creó un índice por el cual cotiza el agua en Wall Street, llamado “índice del agua Nasdaq Veles California del grupo Financiero CME, habiendo tenido en su primera cotización la cantidad de 1.233.000 litros de agua la suma de 486 dólares, siendo hoy cotizable en todo el mundo, tal como lo son el petróleo, el trigo, la soja, etc. El motivo por el cual se cotiza el agua, es por ser un bien escaso en el planeta.

Argentina es uno de los más grandes reservorios de agua a nivel mundial. Al respecto tengo un temor y una esperanza. El temor es que las grandes potencias así como hicieron y lo siguen haciendo por el petróleo con los países de Medio Oriente, vengan también por el agua nuestra y nos obliguen a entrar en guerra. La esperanza, es que sin que ello ocurra, cosa que dudo, nos catapulte económicamente por tener en abundancia un bien hoy ya escaso en el mundo.

Una recomendación “cuidemos y usemos sin derrochar el agua, porque hoy es escasa y en el mundo falta”.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *