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17:00 24-02 Correo desde Maipú:

En memoria de Ernesto Echeverría

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El lunes 9 de enero de 2012 ingresó mi padre al hospital de Maipú, descompuesto y semi-inconsciente, lo atiende el médico de guardia Dr. Blanco, lo deja internado para evaluar su evolución.


 

El médico se ocupa del estado de mi padre y permanece en continuo contacto conmigo, aún después de cumplir con su turno, el Dr. Blanco estuvo conteniéndome.

Luego toma el turno el Dr. Arévalo, quien pide una tomografía para descartar un ACV,  el resultado fue negativo, pero al ver que mi padre no mejoraba decidió ponerlo en terapia intensiva.

Pasamos momentos de tensión, estábamos agotados pero tranquilos, porque hasta ahí mi padre estaba bien atendido. Pasó el tiempo, él no mejoraba, pero tampoco empeoraba.

Cuando toma el turno el Dr. Salomón fuimos por el parte médico, y éste nos mostró a los que estábamos presentes la tomografía, donde nos explicaba que en el cerebro de mi padre había metástasis, también nos informó que era un caso terminal. Nosotros como familia estábamos dolidos pero además agradecidos por la información otorgada. 

Los días pasan y los médicos iban rotando hasta que llegó el Dr. Morales que nos volvió a reiterar lo mismo que nos decían los doctores anteriores, y agregó que mi padre debía pasar a una sala común para que todos pudiéramos despedirnos de él.

Entre el cansancio que teníamos y el dolor de saber que ya no había nada que hacer, pensé que era lo mejor. Y ya por la tarde de ese día empezaron las complicaciones, porque mi papá se ahogaba cada 40 minutos y como la habitación no tenía timbre, teníamos que salir a buscar un enfermero para que viniera a aspirarlo. Ante estas circunstancias era necesario que hubiera dos personas cuidándolo, una que se quedaba en la sala y otra que salía a pedir ayuda. Durante esos días, solo pudimos movernos de al lado de él por momentos.

Mis hermanos al ver el cuadro que presentaba mi padre, pidieron información al Dr. Morales, quien nos respondió nuevamente que no se podía hacer nada y nos sugirió "que lo aspiráramos nosotros", de ahí en más fue un horror todo lo que nos tocó vivir.

Mi padre requería las aspiraciones cada vez más seguido, llegamos al punto de ponernos guantes descartables y asistirlo nosotros como podíamos.

Dejo el turno el turno el Dr. Morales y llegó el Dr. Sosa, al que tuvimos que ir a buscar para que nos dijera algo acerca del estado de mi padre y solo escuchamos la repetición de que era un enfermo terminal, también nos dijo que mi papá ocupaba un lugar que no le correspondía, ya que ese lugar, terapia, se lo debía reservar para otros casos.

Yo siempre pensé que un ser humano debe tener la mejor atención hasta que deje de respirar, aún sabiendo que es un paciente terminal.

Desde que mi padre pasó a sala común solo fue atendido por enfermeros, los médicos no lo controlaron más y sí queríamos saber algo, debíamos ir a buscarlos.

Mi padre falleció el 16 de enero a las 4:30 hs., en compañía de mi hermana, el enfermero David Fernández y yo. Los tres conformamos un equipo donde prevalecía la humanidad, procurándole la dignidad que necesitaba mi padre desde un primer momento.

Agradezco a todos aquellos que hicieron algo por el bienestar de mi papá mientras estuvo internado. Ellos son: Dr. Blanco, Dr. Salomón,  Dra. Goodwyn. Dr. Arévalo y al equipo de terapia intensiva. Y un agradecimiento especial a David Fernández, un enfermero que lleva su profesión en el alma y a la hora de atender a un apaciente se viste de humanidad y dignidad ¡Gracias David!

Por último, si alguien se siente molesto con lo que publico, imagínense ustedes lo molesta que estaba yo al ver que mi padre no era atendido como corresponde.

Mi compromiso como hija terminó el día 16, como ciudadana en el preciso momento  en que esta nota sea publicada.

Al señor intendente Aníbal Rappallini le digo que el Director del Hospital sabe perfectamente en qué condiciones se trabaja, y si bien el edificio es hermoso, la atención deja mucho que desear, las cosas tienen que funcionar correctamente y cada cual debe cumplir con su rol. Ningún familiar debería estar quejándose por lo que no hacen, el familiar está solo para acompañar al paciente.

Yo podría quedarme cruzada de brazos porque ya la odisea pasó, pero ¿saben qué? Soy maipuense y tengo derecho a reclamar una buena atención para los habitantes que quedan, incluidos mis hijos.

Tenemos un Hospital hermoso, solo que debemos ponerles adentro gente con profesionalismo y un Director que ponga las cosas en su lugar.

Mirta Echeverría.

                                               DNI 16.444.174

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