Por Sebastián Cretón

 

El “diluvio” del 5 de enero pasado no exime al gobierno de Etchevarren del pésimo estado de los desagües, la falta de urbanización y los basureros a cielo abierto, causas que potenciaron el desastre.

Revisar las sesiones del HCD de los últimos 12 años es encontrarse con un pedido recurrente de los vecinos: que el gobierno municipal destine una cuadrilla a la limpieza y el mantenimiento de los desagües.

Nunca se cumplió.

Se denunció que el Parque Termal clausuraba y obstruía desagües fundamentales para evacuar agua del centro y barrios intermedios que naturalmente encauzan hacia el Este.

Ni se dignaron a responder.

Con videos, fotos, denuncias a título personal, se pidió que sanearan los basurales a cielo abierto que contaminan todo y surten de residuos los desagües de los barrios.

Tardaron diez años en construir una nueva Planta de Tratamiento y resulta que es chica, entonces parte de la basura se sigue arrojando a cielo abierto y prendiendo fuego. La gran lluvia del 5 de enero, si es que hizo algo de bueno, fue apagar en la superficie un incendio en el basural del Canal 9 que llevaba 10 días.

Eligieron construir un Cosmódromo a terminar, en el mismo lugar, un barrio social cuyos beneficiaron fueron sorteados en 2007. La falta de políticas de vivienda hizo que la gente empiece a construir en cualquier parte, como puede, para tener un techo, un hogar.

Esto transformo a la periferia dolorense en un territorio sin planificar, completamente arbitrario, y librado a su suerte. Ausencia total del estado municipal, que considera que inaugurar alguna plazoleta de nombre “ilustre” es cumplir con las necesidades de los vecinos.

Capítulo aparte: los aberrantes cercos bajos de madera pintados de blanco que clausuran espacios verdes en distintos barrios, por ejemplo el San Cayetano. Jamás se consultó a los vecinos si estaban de acuerdo. Simplemente se arrancaron árboles y se colocaron esas barreras ridículas.

La falta de urbanización, de control, la desidia, la inoperancia, la apropiación de terrenos fiscales de parte del grupo de poder municipal, y el lamentable destino de los excelentes presupuestos disponibles, han transformado a Dolores en una estancia para pocos, donde muchos la pasan cada vez peor.

Hubo muchos meses de sequía para poner en condiciones los desagües. No lo hicieron. El pasto, los residuos y las ramas siguen obstruyendo las vías de desagote de la ciudad y sus alrededores. Hasta en Ruta 63 se ven desagües tapados de yuyales.

Ministerios de Provincia y Nación, dirigentes opositores, merenderos, clubes, asociaciones civiles, vecinos a título individual. Todos dieron y siguen dando una mano desde su lugar.

Adivinen quien falta.

Los históricos despliegues que Etchevarren coordina y lanza durante las elecciones, esas flotas de más de 250 autos, camionetas y camiones. Los cientos de voluntarios pagos o convencidos. Los punteros siempre dulces de plata y materiales para regalar por un voto.

De esos, ninguno aparece. Bah… si, algunos aparecen a chusmear que hace la gente que está ayudando, para pasarle informe al Patrón.

El Patrón estaba de vacaciones, lo mismo que su esposa, responsable hace más de una década de la Secretaria de Desarrollo Social. Vinieron un día y se volvieron al otro a continuar las vacaciones. Ni se dignaron a hablar con los representantes de los ministerios. Un par de fotos y de vuelta a San Bernardo.

¿Es la lluvia la culpable de todos los daños en Dolores?

 

La inundación

La “moda” de intentar despolitizar todo, juega a favor de Etchevarren y un grupo de vivos, que mientras la oposición sostiene gran parte de las carencias de los sectores más vulnerables, duerme la siesta, cobra altísimos sueldos, y pone toda su energía y recursos en ganar elecciones.

Eso de la política que tantos abominan, es justamente lo que hace esta gestión. Usarla para beneficio propio en la cara de cada uno de los vecinos. Y cuando las papas queman, cuando literalmente nos tapa el agua… borrarse.

¿Dónde estaban y donde están los funcionarios municipales, desaparecidos o refugiados durante los peores meses de pandemia y ahora que el pueblo se ha inundado?

La lluvia, como siempre, revela las goteras de la casa.

Hay cientos de calles y rincones que antes no se inundaban y ahora se inundan así caigan 5 milímetros. Hay vecinos que cuentan que nunca se les entraba agua y ahora cada vez que llueve un poco fuerte la calle se vuelve un canal y tienen el agua en la cocina.

¿Dónde quedaron las promocionadas charlas de Puig Picard sobre la “ciudad del futuro”?

El único Puig que tuvo futuro en Dolores fue el ex comisario, amo y señor de la Seguridad a todo nivel en Dolores.

La inundación, dramática por donde se la mire, ha dejado sin nada a cientos de familias. Gente que perdió casa, muebles, electrodomésticos, ropa; negocios que perdieron también todo, hasta el depósito.

El dolorense, tan solidario en estas situaciones, deberá plantearse alguna vez con seriedad la responsabilidad que le cabe a un gobierno municipal que gasta 42 millones en menos de seis meses en un pozo termal, y que sigue de vacaciones mientras sus vecinos se hunden en el barro. Un gobierno municipal que le baja el presupuesto a Salud en medio de la peor pandemia de la historia moderna.

Cayeron más de 300 milímetros, sí. Pero antes cayeron 13 años de falta total de planificación y mantenimiento. De contaminación irreversible.

Tenemos un Intendente que hace rato no es más que un ganador de elecciones. Después, nada. Un funcionariado que cobra fortunas, cada vez más ocioso.

La inundación del cinco de enero de 2021 es el resultado de una promesa que comenzó en diciembre de 2007, de la que hoy quedan hermosos slogans y carteles. Una utopía termal como pantalla para todo tipo de negocios privados, que nos está costando carísimo.

Si Etchevarren le hubiera puesto la misma pasión, energía y presupuesto que le pone a las termas, al resto de la ciudad, hoy Dolores sería realmente el mejor lugar para vivir.

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