Sanjurjo (2)

Pianista y compositor, vive en Mar del Plata. Charlamos con él para conocer su vida, su trayectoria, de su trabajo actual, del espectáculo “Y el fútbol contó un cuento…” que hace junto a Alejandro Apo, de cómo se vive el tango en el exterior.

 

Marcelo Sanjurjo es pianista y compositor, vive en Mar del Plata, donde además de dirigir coros y orquestas hace un espectáculo personal llamado “Tangos conversos”, y acompaña a Alejandro Apo en “Y el fútbol contó un cuento…”, presentación que en enero cumplirá 20 años.

Sobre su vida profesional Sanjurjo nos decía que transcurre por varios canales, que uno de ellos era la parte artística personal con un espectáculo llamado “Tangos conversos”, un “juego de palabras entre convertir los tangos en algo personal y los versos que digo antes de cada tango. Es algo que hago hace seis o siete años, aquí, en Dinamarca, Alemania, Francia”.

Sobre el espectáculo junto a Alejandro Apo “Y el fútbol contó un cuento…”, precisaba que lleva 650 presentaciones en todo el país y que el 5 de enero próximo cumplirá veinte años, “siempre muy felices de hacerlo y enganchados con eso”.

Sobre su tarea docente indicaba, “dirijo la Orquesta del Instituto del Profesorado de Arte de Mar del Plata, el Coro del Colegio de Abogados de Mar del Plata hace catorce años.  Acompaño -ciertamente cada vez menos, por falta de tiempo- a cantantes. Y básicamente el resto de mi tiempo profesional hago arreglos y orquestaciones para grupos, orquestas y ensambles de todo el país, y un conservatorio de una ciudad francesa para el que trabajo hace muchos años”.

 

- ¿Cómo transmite el tango, algo tan argentino, en el exterior?

Trato de sumarle a la propia poética del tango versos de grandes poetas argentinos, como Raúl González Tuñón, Juan Gelman, Paco Urondo. El tango para los extranjeros es la danza, lo importante y magnético del tango es la danza, nunca la música y las letras. Porque las letras son difíciles de adaptar a otro idioma, uno no puede decir, por ejemplo “mina que fue en otros tiempos, la más papa milonguera”, ¿cómo se traduce eso?, es imposible. No viajo con una orquesta, ni con lo típico del tango argentino que es el bandoneón, instrumento que convoca enseguida a pensar en Argentina, el tango, Piazzolla. Lo que hago es como oír acá a un tipo que hace canciones, son canciones que tienen una misma raíz y un mismo sentido música. Y en el fondo se juntan porque los tangos son un género en sí mismo, y para el resto del mundo son canciones. En el exterior el magnetismo del tango es el baile. A los franceses no podés ir a cantarles tango canción y pretender que eso es típico de la Argentina, porque ellos son los inventores de la canción.

 

- Hemos oído una hermosa versión de “Nada”

Toda la obra de Dames es un ejemplo de belleza, de minuciosidad melódica. “Nada”, “Fuimos”, “Tú”, son tangos canción con la característica que considero que poseen las grandes obras de la música: pueden ser abordadas desde cualquier lugar. Vos podés escuchar una versión instrumental de “Nada” y te parece hermosa, otra versión cantada y también te parece hermosa, otra a cuatro flautas traversas y lo mismo. Esa es la gran música, la que puede ser abordada desde todos los lugares y no pierde ni un gramo de belleza. “Nada” es un tango que me gusta muchísimo, incluso sabiendo que hay versiones muy tangueras como la de Julio Sosa. A mí me suena más abolerada, más íntima.

 

- El espectáculo que hacen con Apo tiene una especial comunión con el público, ¿lo notan ustedes?

Sí, por supuesto, por eso tiene tanta vigencia. El espectáculo no descansa, tiene enganche en la gente. Además demuestra que el fútbol no es solamente un deporte donde hay que patear córners y ver cuántos tiros libres puede patear un tipo, o cuántas tarjetas amarillas tiene Braña. El fútbol es un motor de ideas y una especie de contacto permanente con lo mejor de nuestra infancia, con el potrero, con tu mamá invitándote a venir y a hacer los deberes, con los amigos de toda la vida, la solidaridad dentro y fuera del juego. Roberto Perfumo tiene una frase que me parece extraordinaria: “el fútbol es un deporte maravilloso, lástima que dan partidos”. Lo mejor que pasa en el fútbol pasa afuera de la cancha. Hace poco esperando que me vengan a buscar estaba mirando el ascenso a Primera B, ¿qué hacía a las ocho de la noche mirando el ascenso? Y miraba el barro y la gente saltando, los tiempos rompiéndose el alma por ascender, los viejos que lloran. Y ese es el fútbol.

 

- ¿En su casa encontraba material e incentivo para ser músico?

Mi mamá profesora de piano. Mi viejo un tipo con una inquietud por lo cultural, un refinamiento musical y una posición política fuerte. Se leían cosas grosas que estaban al alcance de la mano. Mi biblioteca, que la heredé de mi viejo, contiene textos increíblemente profundos y bellos. Uno de los enigmas familiares en este sentido es que mi abuelo era un hombre muy rudimentario, un republicano gallego, un hombre extraordinario pero muy poco comunicativo con mi papá, y con cero vinculación con la música. Y por mi viejo en casa se escuchaba bossa nova, Mozart, los Wanca Wá, Eduardo Falú, me bancó cuando arranqué con el rock. Supongo que también de mi parte hubo una sensibilidad especial con ese ambiente, ya que mi hermana también se crió en ese ambiente y no tiene sentido musical, aunque sí un sentido muy fuerte por la cuestión visual, pinta y hace esculturas muy bien. A cada uno le pega por donde le pega.

 

- ¿La música lo acompaña desde la infancia?

En mi vida el recuerdo de mi infancia es la música. Lo mismo con la literatura. Hay una circunstancia muy trascendente, cosas que a veces suceden, se sincronizan. Cuando vuelve la democracia en 1983 yo tenía 22 años y ya cantaba. Y aparecieron de nuevo los artistas prohibidos, a reabrirse las bibliotecas argentinas, todo lo que estaba oculto y perdido en la noche de la Dictadura vuelve a aparecer con más fuerza. La calidad de Juan Gelman, Tejada Gómez, Urondo, el mismo Borges, que era más que nada aficionado a las dictaduras; pero era esa alta literatura la que me hizo muy bien y me informó informalmente.

 

- ¿Cómo se ve hoy como músico, mirando atrás?

En general muy bien. Fui construyendo una carrera pensando en mis propios límites. Estudié de grande, poco. Más que nada siempre fui un atrevido. Del piano ni hablar, tocada desde los veinte años y nunca fui a estudiar, simplemente la obstinación. Por ahí me agarra el ataque y voy a alguna profesora para que me ordene un poco los dedos. La única deuda es no haberme dedicado bien a los veinte años, ahora que tengo 57 tocaría fenómeno. Después no tengo deudas. Se hizo lo que se pudo hacer. La vida misma es así, es también la capacidad de sobreponerse a las cosas. Sé de donde vengo, lo que me costó, y me gusta vivir acá, mi vecina no sabe a qué me dedico, si soy gángster, pianista o cocinero.

 

- ¿Mar del Plata es su lugar en el mundo?

Sí totalmente. Tengo otros lugares a los que volvería y viviría con toda naturalidad, como Barcelona, o Roma, pero a eso lo digo porque no vivo ahí.

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