Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano

 

Aclaro que el sentido de esta nota no está referida al materialismo ni al humanismo como doctrinas filosóficas, pues escapa a mis conocimientos, sino a lo que común y corrientemente entendemos por ambos conceptos.

Lo material, en mi opinión, está referido a todo cuanto nos sirve para satisfacer necesidades, biológicas como comer, de protección como la vivienda, la indumentaria y de uso doméstico y laboral, como los muebles, artefactos, herramientas, etc. Para satisfacer todas ellas se necesita dinero.

Lo humano se refiere a la persona física (para diferenciarla de la ideal o jurídica), es una creación natural generada por la multiplicación de la especie humana, al igual que sucede con los animales, pero con una gran diferencia, que el ser humano es un animal dotado de raciocino y lenguaje, y el único ser vivo capaz de comprender y adquirir y transmitir cultura.

Lo material apunta a la objetiva necesidad de tener, y lo humano a la subjetiva necesidad de ser, en dos sentidos de existir y de ser respetado en sus derechos.

El derecho protege a las personas en su ser y condición de tal (vida, salud, libertad, dignidad, etc.) y a las cosas que ellas poseen a través del respeto a la propiedad privada.

El histórico problema es que la necesidad de tener ha prevalecido a la condición humana de ser. Muestra de ello es que ciertos hombres por poseer poder económico se han servido de otros para utilizarlos como esclavos, siervos en la Edad Media, explotados a partir de la Revolución Industrial hasta nuestros días, ya que a pesar de la vigencia de los Derechos Humanos perduran en el siglo XX y XXI modos de servidumbres como el trabajo esclavo de mujeres y niños, la trata de personas, el comercio de bebés y el trabajo precarizado y en condiciones infrahumanas a destajo y sin descanso. También existen hoy los parias, tal cual son los que emigran de su patria para refugiarse en otros países, siendo considerados en ellos “apátridas” que es peor por ser más indigno que el calificativo de extranjero.

El poder, el éxito y hasta la felicidad que algunos la interpretan así, son una medida de lo material, en cuanto al valor que a lo posesivo se le da en esta sociedad. De allí que en ella se ha impuesto una frase, con la cual no comulgo para nada, “vales por lo que tienes”.

Lógicamente, no se refiere a tener virtudes humanas y morales, sino a tener dinero.

Otra frase ruin por lo corruptible que pueden ser las personas, es “todo hombre tiene su precio”, generalización que por no exceptuar ofende a quienes no están dispuestos a venderse.

“Por la plata baila el mono”. Si de acuerdo a la teoría darwiniana el humano proviene del mono y antropológicamente el “homo sapiens” deriva de los primates, habla de una sociedad que por ganar dinero admite rebajarse a la más primitiva condición, importándole más lo material a lo que culturalmente se llama civilización.

Todos ellos son notorios indicios de por qué se han perdido los valores humanos, morales y espirituales.

Las guerras han tenido y siguen teniendo, al igual que las otroras conquistas coloniales, causas exclusivamente económicas. El poder político está condicionado por el poder económico. El ser humano se pervierte y mata por dinero, con total desprecio a la vida de sus semejantes, incluidos en muchos casos a padres, hijos, cónyuges, hermanos. En pos de la codicia por lo material todo vale.

El idealismo hasta en filosofía ha pasado a ser cosa de ilusos y cándidos, siendo considerado casi metafísico. Igual que la fe en las creencias religiosas. Siendo una segura respuesta a los que todavía defienden los valores éticos, “¡pero quién te crees que sos, la Madre Teresa de Calcuta!”.

La virtud es llegar a tener un status elevado a cualquier costo, incluso perdiendo la vergüenza o vendiendo el alma al diablo. Varios que critican de corruptos a otros lo hacen por envidiar estar en su misma situación, tildando a su vez y contradictoriamente al que no lo es y tuvo la oportunidad de serlo, de infeliz o bobo.

La dignidad no existe para ellos. Como tampoco los que en pos de obtener un beneficio económico cosifican a mujeres usándolas como objeto sexual o exhiben a personas físicamente deformes para atraer la morbosa curiosidad pública, poniéndolas en ridículo.

Conclusiones, “el ser humano ha olvidado su importancia como persona para pasar a ser esclavo de las cosas”. “El existencial interrogante de ser o no ser, en la sociedad de hoy es ser alguien exitoso por tener dinero o nadie por carecer de él, aunque trabaje y sea honesto”. “La desenfrenada codicia por lo material ha dejado el aspecto humano para filósofos, psicólogos, filántropos, religiosos y jurídicos enunciados, a los principios y valores morales como recuerdos de otros tiempos, y en lo económico y social a muchísimos pobres insatisfechos que ricos opulentos”.

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