Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano.       

Las señales, en mi concepto, “son signos o símbolos que expresan las más variadas manifestaciones que transmite el pensamiento humano”. Ademanes, gestos, reglas, diferencias, impresiones del ánimo y el entendimiento, sentimientos, e incluso marcas que dejan en el cuerpo de una persona un accidente y contingencia vivida (por ejemplo en éste último caso cicatrices, desfiguraciones, deformaciones, discapacidades).

Las señales pueden ser también signos de la naturaleza, que pueden ser entendidos o no como tales por el hombre, porque ella se expresa cuando nos está señalando algo al reaccionar (por ejemplo en los cambios climáticos, cataclismo, catástrofes, epidemias, etc.).

Las señales en materia de comunicación pueden ser un complemento de la palabra (por ejemplo las de tránsito o un sustituto de ellas (en el caso del lenguaje para sordos).

Lo cierto es que así como convivimos con las palabras, también lo hacemos con las señales. Por ejemplo un  saludo puede hacerse tanto diciendo adiós o chau, como levantándose para ello un brazo. Incluso el levantar un brazo también es una señal de buena educación cuando alguien en un coloquio quiere hacer uso de la palabra, pidiéndolo de esa manera para no interrumpir a quien está hablando.

Las señales del paso del tiempo son patéticas como en las personas la flaccidez, las arrugas, las canas y en las cosas el óxido, el color amarillo amarronado y el deterioro a través de grietas y descascaramientos.

También son fundamentales para distinguir una cosa de otra, fijar límites o mojones, indicar rumbos o direcciones a tomar en rutas y caminos, y como reglas de tránsito, para su ordenamiento en las ciudades y para advertir a quienes no conocen un lugar las zonas de peligro que puede tener.

En lo religioso, la señal de la cruz es sinónimo de veneración y bendición, y por el contrario, fuera de dicho ritual, puede ser la manera con que se expresa rechazo hacia una persona, con la cual no se quiere tener trato (hacer la cruz).

En ciertos casos, las señales suelen indicar fenómenos que pueden suceder y que surgen de indicios materiales (hechos que infieren la existencia de otros no percibidos aún) o inmateriales, como los que perciben quienes por su agudo ingenio suelen predecir acontecimientos que para el común de la gente resultan ser poco creíbles y hasta a veces imposibles de que ocurran (por dar solo dos ejemplos, el de Julio Verne que predijo la llegada del hombre a la luna, cuando en la época que lo anunció resultaba una loca fantasía, y recientemente la de Bill Gates que pronosticó una pandemia con altísimo índice de mortalidad a nivel mundial, que luego ocurrió a través de la inédita aparición del Covid 19).

La vida está llena de señales, a veces sólo percibidas por mentes superdotadas, pero también por personas, que sin tener tales dones, suelen reparar en ellas y en sus significados, advirtiendo lo que indican y dan a entender. En especial las personas que se detienen a pensar lo que les pasa y a analizarlo ya bien como un llamado de atención o un estímulo. Por lo general, a quienes les gusta filosofar o son muy creyentes en la providencia divina o en lo que el destino depara, pero más que nadie aquellos que han atesorado una enorme sabiduría de percibir tales señales por tener la experiencia de haber vivido una existencia plagada de dificultades e incertidumbres a superar.

Un ejemplo de éstos últimos es mi poeta preferido don Antonio Machado, que inspirado en su forzoso peregrinar por la vida (desterrado y exiliado político en su época) expresa en uno de sus célebres poemas: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, concluyendo con: “caminante no hay camino, sino estelas en la mar”. Lo que a mi entender quiere significar el poeta, en especial cuando se refiere en la última parte  “solo estelas en la mar”, es que no hay en la vida (la mar para el poeta es la vida), un camino visiblemente marcado, sino un camino a trazar por el propio caminante, lo que es igual al refrán que dice ”el camino se hace andando”, y que “las estelas” por lo tanto no son los rastros o las huellas que deja al caminar, sino las señales que la imaginación y la intuición del caminante le va marcando a cada paso para encontrar su camino en la vida.

En igual sentido, a tales señales o indicios visibles o no que advierte al caminante sobre el nuevo paso a seguir en el camino que traza hacia el logro de un deseo que tiene por meta, las destaca de modo especial, Paulo Coelho en su libro ”El Alquimista”(cuya lectura recomiendo), donde un alquimista enseña a un muchacho pastor de un pequeño pueblo de España que emprende una travesía con el deseo de llegar a las pirámides de Egipto, cuál era su sueño y  deseo, a obedecer y seguir a las señales que durante el viaje le irán marcando el camino a seguir, incluso el nuevo camino que deberá comenzar después de haber llegado a conocer dichas pirámides, que era su objetivo.

Dichas señales podían resultar de diversas vivencias que en el camino le iban a suceder y de los cuales recogería en cada una de ellas una lección de vida a tomar en cuenta en adelante y en lo sucesivo del viaje a recorrer.

Es interesante en dicha novela que el muchacho después de llegar a las pirámides de Egipto, piensa retornar de nuevo a su pequeña aldea en España porque allí había dejado a una muchacha, cuyo amor y recuerdo hacia ella fue una señal que su alma le marcó de manera constante en el transcurso de su viaje. Lo que habla de que hay señales que no se borran tan fácilmente , ni se olvidan por más lejos que uno esté ni por la dicha de haber cumplido un  sueño, como en el caso son las señales que deja el amor, tanto por el terruño como por una persona amada, que se encuentra en un lugar distante. En el caso la señal  es el recuerdo y la nostalgia por lo querido, es decir las señales del corazón.

En síntesis, tenemos que hacer caso a las señales que como reglas debemos obedecer, que nos alertan frente a los peligros y aquellas que, sin fantasías ni delirios, afloran del entendimiento y los sentidos. Incluso los sueños cuando son potencialmente posibles y los llamados que provienen de lo espiritual.

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