Por el Dr. Héctor Ulises Napolitano

 

En el título de esta nota he puesto primero a las malas que a las buenas noticias, porque es lo que predomina en los noticieros y diarios, al menos de este país.

Se dice que las malas noticias atraen más a una importante franja social de la teleaudiencia y lectores de periódicos, razón marketinera por la cual se difunden más.

En general, incluso el propio periodismo se suele lamentar de tener que dar malas noticias, y la opinión pública también dice estar ávida por escuchar buenas noticias en lugar de malas. Surge al respecto un interrogante ¿es tan malo lo que sucede en nuestra sociedad, qué son todas malas noticias?. La respuesta, en mi opinión, es no, porque el mal es minoría frente al bien, ya que de lo contrario la sociedad no funcionaría y estaríamos en una situación de anomia casi total.

Predomina la gente honesta que trabaja diariamente, con sus alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, esperanzas y frustraciones, ante una minoría que comete delitos, infringe la ley, incurre en acciones imprudentes, o negligentes, etc.

Al igual que en el mundo prima el amor al odio, pues de lo contrario se viviría en permanente estado de guerra, así también en la sociedad prevalece el bien al mal, porque de no ser así viviríamos en la barbarie del enfrentamiento de “todos contra todos”.

Pueden aumentar la inseguridad y los problemas socio-económicos, incluso producirse en algún momento situaciones de caos, pero no hasta ahora de que el Estado pierda totalmente el control, ni aun en intentos de revoluciones que no son apoyadas por la sociedad, por lo que se impone la mayoría, no solo por una razón cuantitativa sino también cualitativa (observancia de la ley, la moral, las buenas costumbres).

Dicho esto ¿por qué entonces prevalecen las malas noticias?, como lo dije anteriormente por una cuestión de marketing periodístico, que no es causa sino consecuencia del “morbo social predominante” que concita mayor curiosidad por saber las noticias malas a las buenas, debido a que el drama, la tragedia, lo desagradable, lo inmoral, lo prohibido y lo transgresor atrae porque llama la atención, al ser algo excepcional a lo que es corriente y rutinario.

También en algunos casos que no son pocos, por un periodismo sensacionalista que quiere con noticias dramáticas y a veces hasta tragicómicas tener mayor rating televisivo, llegando a un buen número de televidentes que gustan de este tipo de noticias.

Recuerdo, en tal sentido, la gran audiencia que tenía Ariel Delgado, conductor del noticiero de Radio Colonia y la popularidad de las revistas Así y ¡Esto!, que alguien con humor pero ajustado a la verdad, dijo que ”si a esas revistas se las retorcía chorreaban sangre”.

Algunos pocos noticieros televisivos sabedores del mal que causan a televidentes el difundir malas noticias, sin dejar de hacerlo, utilizan un breve espacio para dar a conocer historias de vida, cierto suceso que ha ocurrido donde sobresale alguna cualidad moral o entrevistar a personas que pueden servir de buen ejemplo.

En gustos como dice el refrán no hay nada escrito, y en consecuencia los hay para los que cada uno prefiera. Están así, los que son masoquistas, les gusta saber las malas noticias pero al escucharlas se angustian; los que por el contrario, sin dejar de informarse, buscan evadirse viendo programas de entretenimientos o de humor, telenovelas, películas; otros que prefieren ver canales culturales o deportivos, y un sector con conciencia y compromiso político ve el canal o programa que más acuerda con su ideología. Hay quienes no leen diarios y revistas, pero nadie deja de ver televisión, primando hoy al periodismo escrito el audiovisual.

En cuanto a las redes sociales es según lo que cada uno quiere de ellas y cómo las usa.

En muchos casos detrás de la difusión de una mala noticia hay una aviesa intención, donde según la ideología que se intenta inculcar son seleccionadas para darse a conocer o no. Ello ocurre con el hoy periodismo llamado ”militante o partidario”, que por una parte critica la existencia de la grieta política, y por otra la incentiva informando malas noticias deliberadamente contra el gobierno o contra sus opositores, según sea la inclinación   política que tenga .

Las malas noticias pueden ser falsas, cosa que es moneda corriente en estos tiempos, de allí mi sugerencia es ”no creer en todo lo que se dice, sino analizar cómo se dice, pues de tal análisis se puede inferir la intención y fundamentalmente quien lo dice, es decir que el informante nos inspire confianza por su honestidad, seriedad y profesionalidad. Lo que no implica que para serlo forme parte de un gran medio de comunicación.

Antes de angustiarse por las malas noticias, tener presente que detrás de ellas se ocultan muchas buenas que por ser anónimas no tienen difusión.

Además que el bien o lo bueno en esta sociedad competitiva y confrontativa que está atraída, más por el conflicto y el escándalo, está relegado por el interés y la conveniencia.

Cierto periodismo nacional al igual que una buena parte de los argentinos incurren en un gran defecto: “el de creer que sólo lo malo nos sucede a nosotros, y el de compararnos con otros, viendo sólo en ellos lo bueno”.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *