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Las alternativas y los involucrados en Dolores y la zona en el enfrentamiento entre alsinistas y mitristas, ocurrido en 1874.

 

 

En 1874 de realizaba en el país la elección que consagraría a Nicolás Avellaneda como presidente. Bartolomé Mitre no reconoce el resultado considerando que había existido fraude y comienza a conspirar. Varios jefes militares lo acompañan. Mitre se embarca hacia el Uruguay, desde donde volvería para iniciar desde el Tuyú el avance revolucionario.

El enfrentamiento ocurrido en la zona, particularmente en Dolores, como también la participación de civiles revolucionarios locales, fue reflejado por César Vilgré La Madrid en la revista “Perfiles” en la década del 70 en una nota que llevaba por título “La Revolución de Don Bartolo”, que reproducimos en forma parcial y en lo sustancial, como forma de recordar esos acontecimientos en que tuvieron decidida participación algunos dolorenses.

Decía Vilgré La Madrid: “El año 1874 comenzó mal para nuestro pueblo. Las epidemias de cólera y viruela que azotaban al país se extendieron a nuestra zona, obligando a instalar dos lazaretos para los enfermos. Tiempo después, una bíblica plaga de langostas azotó la campaña, castigada también por una pertinaz sequía con la consiguiente dispersión de hacienda. Pero ni todo esto, ni la inminente llegada del ferrocarril desplazaba el ruido a armas de los comentarios. Era un secreto a voces que el partido mitrista, víctima de un fraude escandaloso pretendía llegar al gobierno por medio de una revolución.

La conspiración era, en el papel perfecta y el movimiento estallaría el 12 de Octubre, fecha en que Avellaneda asumiría la Presidencia”.

Sobre el rol que tendrían dolorenses, el autor de la nota dice que se sumarían a la Guardia Nacional del partido, “a la fuerza que organizaba en el Sur el coronel Machado para mandar sobre Buenos Aires”. Y que las “cabezas de los partidos en pugna en nuestro medio eran, en el Autonomista, Esteban Facio, guerrero del Paraguay, acérrimo alsinista, al extremo que su marca de hacienda representaba la galera de Alsina. En el mitrismo el dirigente más conspicuo era Don Ezequiel Martínez. Como juez de paz se desempeñaba un mitrista, Don Vicente Igarzábal”.

Sobre el plan revolucionario precisaba Vilgré, que se había derrumbado “cuando dos cañoneros de la Marina de Guerra se pronunciaron en contra del gobierno y los revolucionarios debieron adelantar el golpe al 24 de septiembre”. Que “en Dolores todo fue confusión. Igarzábal no sabía a que santo encomendarse para descubrir el juego antes tiempo. El 25 llegaba el decreto del gobierno disponiendo estado de sitio, y un telegrama de Emilio Mathon, Comandante del Regimiento de Olavarría, para que preparasen caballo ya que pasaría en comisión a Balcarce. Su objetivo era organizar fuerzas para oponerse Machado, pero éste destruyó sus enemigos en Mar Chiquita y persiguió a Mathon hasta Dolores”.

“Casi de inmediato la zona se declaraba en rebelión –agregaba-, actitud que imitaría Igarzábal apoyado por los mitristas de Dolores, Castelli al mando de Cirilo White, vecino de Mariano Fernández. Todas estas fuerzas civiles respondían al prestigioso hacendado Don Matías Ramos Mejía, reliquia de la Revolución del Sur y de las campañas de Lavalle, quien con el título de coronel asumía el cargo de Comandante General de los partidos de la costa sud. A él compitió la misión de conservar “costase lo que costase” la costa, ya que allí desembarcaría el General Mitre”.

Sobre el movimiento de tropas indicaba: “Machado se acercó a Dolores, pero llamado por el general Rivas que avanzaba desde Las Flores se dirigió a su encuentro. Igarzábal y demás comprometidos abandonaron Dolores para reunirse con sus correligionarios en armas. Dolores queda sin autoridades ni fuerzas del orden. En esas circunstancias, el Juez de Paz suplente D. Esteban Facio, convocó al pueblo para nombrar nuevas autoridades; la asamblea eligió al doctor Manuel Irigoyen y a Don Antonio Quadri, nombrándose asimismo comisiones para la vigilancia de la cárcel y de la población, compuesta por 32 italianos, 16 españoles y 14 franceses. Sus jefes fueron Antonio Ragni, Esteban Scheggia y Alfredo Petazzi”.

Y precisaba Vilgré que “poco después los nacionalistas al grito de ‘Viva Mitre’ entraban a Dolores. Igarzábal retiró su cargo y D. José Herrera, prestigioso mitrista porteño fue designado comandante militar en lugar de R. Parravicini, quien se había unido a las fuerzas del gobierno. El 23 de octubre llegó, matando caballos, un chasque enviado desde Ajó por Ramos Mejía. Mitre acababa de desembarcar”.

Y agregaba, “de inmediato los mitristas se dirigieron al cura párroco R.P. Luis Duteil, para solicitarle que hiciera tocar las campanas como muestra de regocijo público por la llegada a tierra argentina del general Mitre. El párroco contestó a Igarzábal que no correspondían los repiques si no era acontecimiento religioso. Entonces, un grupo de revolucionarios, encabezados por el gerente del Banco Provincia D. Manuel Vidal, hechó abajo la puerta del coro y repicaron las campanas. Duteil fue llevado arrestado al cuartel mitrista -que estaba instalado en el Mercado del Centro (nota: hoy esquina de Quadri y San Martín)-, pero poco después recobraba la libertad”.

Y que mientras ello ocurría “dos fuertes ejércitos gubernistas avanzaban sobre Dolores; uno venia desde Las Flores al mando del coronel Luis María Campos y había llegado hasta El Sauce, el otro desde Altamirano comandado por su hermano coronel Martín Campos. Este destacó como vanguardia al Regimiento 21 de Mayo, que tenía a su frente al coronel Ernesto Rodríguez, quien el 2 de noviembre atacó en Los Sauquitos a la fuerza revolucionaria dirigida por Mariano Fernández y Tomás Pita, hacendados de la zona, batiéndolos y causándoles varios muertos y heridos”. Y que en “Dolores se había dispuesto ese día un homenaje a Mitre en el hotel Mazzacesi (Rico y Belgrano), donde se había tendido una larga mesa presidida por un gran retrato del general. En esas circunstancias los allí reunidos se enteraban que entraban por las calles del lado de la Estación las fuerzas del gobierno, produciéndose un desbande general para unirse a Mitre, quien se encontraba con las columnas de sus partidarios en la estancia de Alday, en el deslinde del Tordillo con Dolores. Rodríguez entró en Dolores acompañado de D. Esteban Facio, Feliciano Amarante y otros alsinistas, quienes se instalaron de nuevo en la casa municipal”.

Sobre el devenir de los acontecimientos el autor decía: “al sufrir la derrota de Los Sauquitos el día 1 de noviembre, los mitristas levantaron los campamentos que tenían en la quinta de Allen (después de Robino) cerca del arroyo La  Picaza; de La Limpia y del Mercado Viejo, también se retiraron los que encaramados en el Mirador de Garciarena lo utilizaban como mangrullo. Las tropas al mando del Coronel Julio Campos tomaron posesión de Dolores y pusieron en condiciones el telégrafo, cortado en varias partes por los revolucionarios.

El día 4 de noviembre llegó a nuestro pueblo el ejército que mandaba Luis María Campos, quien perseguía al General mitrista I. Rivas (…) quien conocedor de la presencia de fuerzas hostiles en la zona, siguió de largo para incorporarse a Mitre en el Tordillo, mientras los gubernistas acampaban en las orillas del pueblo. En torno a nuestra ciudad acampaban 11.000 hombres de las tres armas” precisaba la nota.

Asimismo relataba, que “a los pocos días el Ministro de Guerra don Alfonso Alsina viajó a Dolores con una lucida comitiva. Entre sus acompañantes estaba un distinguido dolorense, el ministro de Gobierno Dr. Aristóbulo del Valle, también el viejo revolucionario del Sur y valiente oficial de Lavalle don Martín Campos, padre de los coroneles Luis María y Julio, comandantes de los ejércitos acampados en el lugar.

Con tal motivo, se realizó una revista y un desfile por las calles, en el transcurso del mismo el Dr. del Valle indicó al municipal Esteban Facio la casa donde (él) había nacido. Otro de los visitantes fue el Dr. Vicente Fidel López, que vino a ver su hijo y se hospedó en casa del Juez de Paz”.

“La guerra civil proseguía relataba Vilgré-, cerca de Dolores el Comandante Gubernista Naval chocó con gente de Ramos Mejía, causándole algunas muertes y tomándole 60 prisioneros. El Coronel Julio Campos se dirigió al Tordillo en busca del General Mitre, pero éste recostándose en los célebres cañadones del Vecino, que estaban prácticamente impasables, se dirigió con su ejército al Sur. Las fuerzas de los Campos fueron en su persecución, y quedó en Dolores como Comandante Militar don Joaquín de Biedma…”.

“Por Dolores, Ajó, Tuyú, el Vecino, y Monsalvo –agregaba-, andaban partidas armadas de la revolución, formadas por personas de toda condición social, desde estancieros hasta peones. Allí militaban Nicolás Calvo Morí, ex capitán de la Guerra del Paraguay, Mariano Fernández, Tomás Pita, Peralta, Teves, Eloy Olivares. También existía una Legión de Voluntarios de Dolores al mando de Juan Sánchez, hombre de campo. El jefe superior era el Coronel Teodoro Boerr, hacendado del Tordillo.

Poco después llegaba con un pequeño destacamento mitrista el Dr. José C. Paz, fundador de la Prensa, y aplastaba en el campo ‘Los Médanos’ -en el Tordillo- a Biedma, a quien persiguieron hasta las cercanías de Dolores. Con tal motivo en Dolores se instalaron 2.500 hombres al mando del Coronel J. Naval. Su cuartel estaba en el Mercado…  La comuna de nuestra ciudad costeó los gastos de movilización de los Guardias Nacionales del partido y los circunvecinos, y en el campo de Parravicini se invernaron las caballadas para el ejército.

A fines de noviembre de produjo la derrota de le revolución en los campos de la Verde y la subsiguiente rendición en Junín”.

“Había terminado la contienda –decía el Prof. Vilgré-. En nuestra ciudad se festejó cumplidamente; hubo un Tedeum y un desfile de las tropas de Naval; se tiraron bombas y se sirvió en los salones municipales, un refresco -como decía entonces-. Todo costó la modesta suma de 5000 pesos”, y decía como final de su nota: “Destaquemos que los mitristas de la zona fueron los últimos en deponer las armas en todo el país”.

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