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Gustavo Román nació en San Luis y se crio en Mendoza. A fines de los 90’ llegó a Dolores por trabajo, y permaneció hasta 2003, creando vínculos muy profundos entre nosotros. Aquél año también por trabajo, se instaló en España y vive allí desde entonces.

Vía Internet nos comunicamos y le pedimos que nos contara de su vida en donde reside. Román decía: “Vivo en Santa Susana, una pequeña ciudad de 3.600 mil habitantes, a 156 kilómetros de Barcelona hacia el noreste, pegada a la costa. Tiene una comunicación fluida con Barcelona a través del tren. También mi esposa Mónica es profesional, aunque no ejerce por una discapacidad. Yo trabajo en dos sitios. En una farmacia particular en Turdera, pueblo a 16 kilómetros de aquí, como Farmacéutico sustituto del que es titular. Y hago guardias en otra ciudad más grande y más al centro de Cataluña, unos 30 kilómetros al norte de donde vivo”.

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-¿Cómo se compone su familia?

Mi familia está integrada por mi esposa Mónica, profesional como yo, mis cuatro hijos, Francisco, Clarita, Lurdes y Pedro. El primero vino de Argentina el año pasado, estaba solo allá y quería que se integrara más con la familia, tenerlo cerca, estoy solucionando todo el tema de los papeles. Clara también estaba en Argentina, en La Plata, terminando la carrera de geología en la UNLP, pidió traslado a la Universidad de Barcelona, le costó al principio pero después le fue muy bien, termino rápido la carrera. Lourdes siguió nuestra línea en Salud, está terminando la carrera de medicina. Pedrito hizo una especialidad en deportes, un ciclo superior, y se dedica a las actividades deportivas, trabaja y está muy feliz. Quiere seguir estudiando psicología.

 

-¿Dónde trabaja y cómo es su jornada?

El día a día de mi trabajo es mañana y tarde de lunes a viernes, y sábado a mediodía. Estoy muy conforme, la gente es genial, la dueña es una mujer joven, tengo buena relación con ella y mis compañeros.

 

-¿Cuándo tuvieron conciencia del COVID-19?

Todo ha sido muy vertiginoso. La información salía en todos los medios pero se pensaba que como los casos eran en oriente estaba lejos. Cuando se empezó a trasladar a Tailandia y Japón el ánimo cambio. Y en mi caso me preocupé. Después del 20 de enero los casos allá empezaron a triplicarse y a avanzar a las ciudades, se comprobó que el virus se propagaba de humano a humano. Pero lo seguíamos viendo como algo que no nos iba a pasar. Increíblemente en 10 días la enfermedad se desparramo como una nube, es terrible. Hasta que llega Italia.

 

-¿La llegada a Milán empezó alertar a Europa?

Claro, ante los primeros casos en Milán. El norte de Italia es industrial, y muchísimos industriales están en contacto permanente con chinos, yendo y viniendo allá. Una vez que el virus llegó y hubo focos de infección empezó a desparramarse. Y ahí nos preocupamos más. Mucha gente de Barcelona y Madrid va y viene constantemente a Milán, hay entre Barcelona y Milán siete u ocho vuelos al día. Y llego el problema acá, mucho más en Madrid.

 

-¿Por qué en España hay tantos casos?

Porque España tiene gran cantidad de población de más de ochenta años, especialmente en la capital. Cuando la OMS decreta la pandemia nos dimos cuenta de que iba a ser tremendo. En 12 días fue tan vertiginoso el cambio, desde el caso 1, que se contagiaron 6291 personas, el nivel de contagio es exponencial. Seis días después, había 20411 casos. El gobierno decretó el estado de alerta, suspendiendo las clases, primero en Madrid, después en el País Vasco, donde hubo varios muertos, siempre gente grande, Cataluña, y ya después en todo el país. La gente pasó a estar confinada en sus casas. Tendrían que haber tomado las medidas una semana antes, para evitar el número que alcanzamos. Para que se den una idea en estos casos lo que es la importancia del tiempo.

 

-¿El aislamiento realmente frena la masividad del contagio?

Si logras confinar a la gente para que todo el mundo se quede en su casa, que nadie ande en la calle, vas a tener éxito en que no se propague exponencialmente. El virus es un virus pesado, así que cuando sale de la persona contagiada, no sale como la mayoría y se queda en el aire por ser livianos; este permanece un corto tiempo flotando y cae en el suelo o en las superficies. Contamina el suelo y las superficies, por eso las autoridades lo desinfectan, fumigan las calles. Todo el pueblo español debe estar confinado, se endurecieron las medidas, y cambia radicalmente las costumbres de todos.

 

-¿Es duro cambiar costumbres de un día para otro?

Un vuelco vertiginoso. De estar bien, reírte, ir al bar a tomar algo, de andar por la calle y darte abrazos, a nada. Eso se terminó, no se puede ni abrazar, ni besar, ni tomar un café en ningún sitio. Una locura. Pero es lo único que nos puede salvar de semejante tragedia. Por eso es tan importante el confinamiento, extremar las medidas, que salga una sola persona de casa hacer las compras. El gobierno acá en España solo permite a la gente salir a comprar artículos de primera necesidad y a las farmacias, donde tenemos que permanentemente estar al pie del cañón. El aislamiento busca aplanar el crecimiento exponencial del índice de contagiados, para que no colapse el sistema sanitario.

 

-¿Los síntomas se manifiestan siempre?

Algunos contagiados tienen síntomas, la mayoría no. Hay poco porcentaje de personas con síntomas, muchos se recuperan en los hospitales como de una gripe fuerte. Un 5 % por ciento de esos pacientes son derivados a terapia intensiva con patologías severas, un 3% tienen fibrosis pulmonar, donde generalmente mueren, y si se recuperan quedan con una enfermedad crónica muy complicada para el resto de su vida. El confinamiento y las medidas de higiene son fundamentales. Mantener distancia de dos metros entre personas, usar guantes, barbijos o mascarillas si es necesario. Y que compren lo indispensable para subsistir.

 

-¿Qué reflexión le genera esta pandemia?

Me queda la sensación de que un virus te mete tanto miedo en el cuerpo, que te hace tomar conciencia. El ser humano tiende a ser muy solidario, y de repente el virus le ha pegado a la especie semejante castañazo, que nos está haciendo más humanos, nos hace preguntar que estamos haciendo. Hay un mensaje subliminal en todo esto, una reflexión ante la imposibilidad de hacer algo. La pandemia no respeta clases sociales, se carga a todos por igual. Ante esta situación la gente de bien saca lo mejor de sí, y la gente jodida saca lo peor. Cuando vas al supermercado ves tipos que llevan cinco o seis carritos tratando de llevarse todo a casa, condenando a otros a que no puedan llevar nada, condenándonos a que al final nos contagiemos. No está mal porque hace que reflexionemos. Muchas personas lo hicieron y volvían a dejar cosas y llevar solo lo necesario para la semana. Me da la sensación de que muchos actúan por miedo y cuando reflexionan, se dan cuenta de que se embroman ellos mismos.

 

-¿Nos marcara como especie?

Va a ser un antes y un después. Que la gente haya tomado conciencia de que no puede besar, abrazar ni salir, nos ha dado un sacudón enorme. Somos tan vulnerables y tan pobres. Incluso a nivel familiar, el hecho de confinar a las familias en sus casas replantea las relaciones. De momento la gente extraña saludar, dar abrazos y besos. Lo afectivo, lo más lindo que tiene el ser humano, se corta todo en menos de 15 días. Es complicado que te corten el poder decidir. Es también un golpe para reflexionar. Para valorar después que todo pase, de lo que vale darle a un abrazo, un beso, un apretón de manos a cualquier ser humano en el mundo.

 

-¿Mantiene contactos con nuestro país?

Estoy en contacto con la gente de mi querida Argentina, de San Luis, Mendoza y Dolores en particular. Creo que las medidas que tomó el gobierno son certeras, anticipatorias. Fernández debería ser muchísimo más estricto todavía, obligar a que todos estén dentro de sus casas con las fuerzas de seguridad inclusive. Es importantísimo estar adentro, aunque es tan difícil en lugares con mucha densidad de población. Como profesional y amigo o familiar, trato de pasar información útil a mi país, me han hecho algunas notas y entrevistas como esta, preguntándome como hacer gel de mano, mascarillas. Lo que esté a mi alcance lo comparto con todos. Pero lo que más trato que se entienda es que se queden en casa, que si tienen que salir salga uno solo.

 

-¿Usar barbijo?

El uso del barbijo es muy importante. Capaz que sos un portador sano que no tiene síntomas, y que va transmitiendo el virus por todos lados. Llevando el barbijo no lo transmitís. Es para tener en cuenta.

 

-¿Qué consejo final nos dejaría?

Lavarse las manos con agua y jabón todo el tiempo. Si tienen guantes usarlos, lavarlos también con agua y jabón para volver a usarlos. Dejar las cosas secarse al sol también es importante. Y si usan barbijo pueden impregnarse con un poco de alcohol para reutilizarlos, en caso de ser necesario. Y confinarse en casa. Hay que hacerse una rutina y pasar el tiempo. Cada ser humano tiene que sacar lo mejor de sí en esta situación, que es de grave a gravísima. Ser responsable con la familia, los hijos, los padres. Sacar siempre lo mejor de uno en un momento tan dramático para toda la especie humana.