Fakecracia” es un libro de Matías Ponce y Omar Rincón en el que se busca reconstruir cuál ha sido el uso que se ha realizado de las noticias falsas (fake news) en la comunicación política en América Latina en los años, y de qué manera han contribuido a la construcción de una “desinfodemia” generalizada.

El Lic. Martín Sachella es uno de los investigadores que participó del libro, y quien al consultarlo nos decía: “Actualmente soy Coordinador de Comunicación Digital en la Subsecretaría de Comunicación Pública de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación, que conduce Santiago Cafiero. Conocí a Matías Ponce, uno de los coordinadores del libro, porque colaboré con su tesis de Doctorado de la Universidad de Santiago de Compostela, España, en la que hizo una investigación de la relación de los medios de comunicación con los gobierno de Argentina, Uruguay y Chile durante las presidencias que fueron de 2011 a 2019. Matías es uruguayo, Doctor en Ciencia Política y Profesor de Comunicación Política en distintas universidades latinoamericanas y se desempaña como asesor en comunicación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”.

 

  • ¿Cómo surgió su participación?

En 2018 se comunicó conmigo para que escribiera el capítulo sobre Argentina de este libro llamado «Fakecracia», que salió a la venta en formato digital a principios de este año y hace unos meses salió en versión papel. Es uno de los primeros textos que se publican sobre la temática en esta era de la posverdad y las noticias falsas. Es un orgullo formar parte de este proyecto, sobre todo porque es un aporte interesante para la profesionalización del campo de la comunicación política.

 

La entrevista: en la conversación que mantuvimos con Sachella, señalaba la entrevista que le había realizado “El País Digital” sobre este tema, algunos de cuyos conceptos nos pareció importante reproducir:

Sobre las noticias falsas y por qué hay gente que cree en ellas, Sachella decía que “surgen de una estrategia de falsificación de hechos, son una acción de manipulación de la realidad”. Que el término “Fakecracia” refiere a “un tipo de democracia donde la construcción de noticias falsas en redes sociales y en medios, pero principalmente en redes, se convirtió en uno de los recursos más usados por la comunicación política”, aclarando que las noticias falsas no son un fenómeno nuevo, han existido desde hace mucho tiempo.

Sobre cómo las noticias falsas afectan las elecciones decía en esa entrevista: “…las elecciones son el momento de mayor disputa del sentido y, por lo tanto, un escenario donde las noticias falsas aparecen con frecuencia y cotidianeidad. Y esto es realmente un problema, porque para ejercer el derecho al voto es indispensable contar con información certera. Por eso las noticias falsas atentan contra esa posibilidad de elegir libremente.

Consultado sobre la manera que estas sirven para propagar el discurso de odio, el dolorense señalaba que “las noticias falsas operan con mayor efectividad sobre quienes tienen prejuicios y se manifiestan desde el odio. El discurso de odio y las noticias falsas se retroalimentan” resaltaba, agregando que cuanto mayor proliferación tuvieran “los discursos de odio y más difusión de noticias falsas exista, menor será la posibilidad de construir una democracia participativa que aspire a dar respuesta a las nuevas demandas sociales a través del consenso”.

Consultado sobre cómo se debería regular las “fake news” en nuestro país lo señaló como complejo, porque el escenario político “está atravesado, entre otras situaciones, por la polarización política”. Y resaltó que “el primer paso para aportar una solución es alcanzar el compromiso de los dirigentes políticos, los medios de comunicación y las empresas”.

Finalmente se le preguntaba cuál era el límite para con la libertad de opinión. Sachella decía: “Hoy no hay límites. No hay legislación ni consensos sobre de qué manera abordar la problemática. Pero es un debate que se viene y que nos interpela a todos y todas. Pese a que este momento es inusual, la historia nos marca que la censura nunca fue un buen camino. Creo que una buena manera de empezar a resolverlo es convertirnos en profesionales, comunicadores, usuarios, consumidores y ciudadanos y ciudadanos responsables, informados y con vocación crítica”.

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