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Como para ponernos en situación, solía hablarse de un personaje muy cautivante, con actitudes distintas y características muy particulares que lo hacían especial, en un contexto que no era el habitual para muchos de los que lo veían actuar y trabajar por unos ideales que creía y defendía con pasión.

No se trataba solo de estar cuando debía estar, sino también de actuar en consecuencia por esos pibes del barrio y no tanto que se acercaban por el club, que después los iba a convocar todos los lunes y viernes entre las 18 y 20 hs., o quizás unos minutos mas según cuanto tiempo durara la escondida en la puerta del club, en la calle Chascomús.

No era solo, jugar con los chicos del barrio y ayudar a organizar el fútbol del fin de semana, o las cenas, rifas o bailes y festivales, era también dejar un rato la casa y la familia que a veces sin entender no sabían que ese Profe, estaba haciendo un extraordinario trabajo en silencio.

Por esos años no se hablaba tanto de inclusión, pero a las clases de ese Profe iban todos los pibes, Abelito, José, El Toto, Martín, Laureano, El Flaco, El Moro, El Gordito, y ese que no podía también, los hijos y sobrinos, niños adolescentes que encontraban su lugar en el mundo y por las dudas te decía, invita a los amigos de la Escuela, a tus vecinos, socios o no socios del club.

Era particularmente verlo con ropa formal camisa y pantalón de vestir entrar y salir del club, pero eso si los lunes y viernes después de vender galletitas y muchas cosas mas, de recorrer Dolores y la zona, se transformaba, si, así como Superman, en ese Profe, recuerdo… “con ese viejo conjunto deportivo de las tres tiras negro y naranja”, y ahí si, en el patio en verano, en el gimnasio en invierno, pero siempre, siempre ahí atrás de los pibes, enseñando, dando un consejo, una mano, un reto si era necesario.

Eso si en épocas de Olimpiadas Interclubes ese Profe, era el delegado, entrenador, jugador (si era necesario), era hora de juntar a todos esos deportistas que, sin ser de la institución nunca le decían que no, y ahí estaban con los colores verde y blanco representando a la institución, y como no si ese Profe los había ido a buscar a su casa a invitarlos, nada mas y nada menos que para representar al club.

Y así pasaban los años con proyectos, sueños, venta de rifas, muchas rifas, y también pasaban los Aniversarios, donde cada 24 de junio, el club tenía que brillar, así que desde muy temprano había que limpiar, barrer, y hasta despegar con una espátula los chicles que quedaban pegados en el piso después de un baile, costaba pero salían, para que a la noche llegaran la Comisión Directiva, los viejos socios, sus señoras, familias, vecinos, y también los pibes, a decir que lindo esta el club, “Feliz Aniversario”.

Ese Profe, también era el primero en salir a bailar en las fiestas, y así seguía el festejo, hasta que la noche se despedía, y después de vuelta al ruedo, y volver a pasar por la cantina, por la Secretaria, la sala de televisión, la parrilla, la vieja cancha de bochas, y esos terrenos ahí próximos al club donde se soñaba en grande, un ansiado predio, que ese Profe caminaba y soñaba hacerlo realidad, y en parte lo vio crecer y avanzar, lo disfruto, y lo hizo querer.

Como no vamos a estar orgullosos, de todo y por todo, aunque no voy muy seguido por ahí, que se yo, no se, hasta a veces junto fuerza para hacerlo, si hasta cuando te fuiste tranquilo y en silencio pedí que pasaran por el club, así en tan solo un minuto se podían despedir.

Por eso hoy voy a ir a la cancha, si a la cancha, a esa que vos también pensaste, me dijeron que quedó muy linda, si a esa, que sabes que, le van a poner tu nombre Profe, José Luis “Gringo” Bianchi.

Pero como, y claro que voy a estar, como no si ese Profe, era mi viejo.

– Dedicado a mi viejo José Luis “Gringo” Bianchi, a la Comisión Directiva, y todos los socios del Club Social y Deportivo Dolores.

Nicolás Bianchi

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