Pensemos por un momento en cuantas cosas podríamos hacer sin movernos. ¿Pensar y qué más? Comer, hablar, abrazar a nuestros seres queridos, caminar, son actos que requieren del movimiento. Hasta dormir sería muy incómodo -se nos entumecerían los músculos y nos dolerían los huesos- si no fuera porque durante la noche giramos nuestro cuerpo hacia un lado, estiramos una pierna, acomodamos un brazo.

Moverse es una función vital del ser humano. Podríamos decir que sin movimiento no hay vida. Conocer el mundo implica algún grado de movimiento: respirar, buscar el alimento, comer, tomar agua.

Cuando la persona pierde algún movimiento pierde una función, y cuando se pierde una función perdemos cierto grado de libertad y de plenitud.

La falta de movimientos puede ser la causa o la consecuencia de las enfermedades y del dolor. Hace apenas unas semanas salió en los diarios una nota que anunciaba que la NASA ofrecía 19 mil dólares por pasar 60 días acostado en una cama. La pregunta que casi sin querer uno se hace es: ¿Quién ofrecería U$19.000 si no fuera porque nuestra salud se va a ver de algún modo afectada? La pregunta que le sigue: ¿Qué pasa si uno se queda 60 días tirado en una cama? La respuesta es evidente: se nos atrofiarían los músculos y perderíamos la fuerza para incorporarnos y caminar, nuestros pies se desacostumbrarían a soportar el peso y al primer contacto con el suelo sentiríamos agujas en nuestras plantas, nuestros huesos se descalcificarían y correríamos serios riesgos de fracturas, nuestras articulaciones de inflamarían.

La kinesiología, etimológicamente, es el estudio de los movimientos y su naturaleza, qué lo produce y cómo nos afecta. Para el kinesiólogo el movimiento es la materia prima como la harina lo es al panadero.

Cuando una persona, por cualquier motivo, pierde la movilidad, va a afectar su salud. No va a poder hacer sus cosas, va a tener dolor, se va a sentir mal anímicamente.

Lo que permite que nos movamos son nuestras articulaciones, huesos y músculos. Y quien comanda todo es el Sistema Nervioso.

Articulaciones, huesos, músculos, sistema nervioso, todo es objeto de estudio de la kinesiología, que intenta comprender cómo funciona el cuerpo humano para ayudar a recuperarlo cuando éste pierde la función y se enferma.

Luego de un largo camino recorrido, el 13 de abril de 1937 la kinesiología es reconocida como carrera universitaria, y es la primera carrera no médica en cantidad de alumnos.

La Kinesiología es una de las ciencias de la salud y -como dice el Profesor Andrés Feldman en su “Historia de la Kinesiología argentina”- es también arte y práctica.

La profesión está teniendo un amplio y vertiginoso crecimiento. Hay algunas universidades del país donde los alumnos de kinesiología superan en número al de cualquier otra carrera que allí se curse.

¿Por qué sucede esto? Porque todos sabemos, cada vez más, que el cuidado del cuerpo tiene que ver con una vida más plena. Cuando el equilibrio se pierde está el kinesiólogo para ayudar a restablecerlo a través del movimiento, la actividad física, la reeducación, la prevención de las enfermedades.

Lic. Pablo Dolce – Kinesiólogo Fisiátra (MP 2685)

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