Los abuelos son una estampa para guardar en nuestro corazón.

No hay día que no recuerde a mis abuelos, por alguna vivencia con ellos, o el simple recuerdo en mí andar. He tenido la gran suerte de disfrutar de algunos de ellos, mucho y largo tiempo.

No todos tuvieron la suerte de vivir mucho, como uno quisiera que sea, es lotería, se da, o no se da. Mi abuelo Emiliano Casielles Amandi, que vino de su Asturias natal, fallece en General Juan Madariaga hace 100 años, a los 37, trabajaba como capataz de obra en los talares de Tío Domingo en la leña, queda allí, en los primeros años de fundada esa localidad de Madariaga. Él cuando llega a la Argentina, al poco tiempo se casa con la hija del alcalde de la “Rosa de Acosta”, famosa pulpería, donde dicen, reposó la cabeza de Castelli antes de mandarla a Dolores, donde fue dueño y también criador de ovejas, como buen vasco Don Luís Anza Agorreta.

Mi abuela, como se darán cuenta, queda viuda siendo muy joven con cinco pequeños hijos, logra salir adelante y luego se casa con un hacendado de los montes del Tordillo, Don Fortunato Ernesto Reyes, teniendo propiedad en Dolores en calle General Rico cerca del estadio Delfor del Valle, donde vine al mundo.

Pero, como les estoy contando, es muy linda la experiencia de haber compartido con los otros tres, largas jornadas, que hoy recuerdo, y en ellas me contaron sus vivencias anteriores y recuerdos, junto a la estufa devoradora de leña, luego de la cena rememorando historias de vida, contadas por sus padres y sus abuelos, mis tatarabuelos.

Ese caminar de recuerdos, te trae realidades de un tiempo pasado que te llena el alma, también de alguna tía abuela, el corazón palpita más rápido haciendo circular la pluralidad sanguínea de la herencia dada, con el correr de los años de generaciones que muchas veces ignoramos y no le damos importancia, pero aparece de tanto en tanto en ciertos rasgos en nosotros, del genotipo.

Mi abuelo Irineo Adolfo Suárez Luna del Pago de la Magdalena, descendiente de familias patricias de Buenos Aires, pobladores de tierras de la genealogía de Luján, como lo eran, los de la Vega y los Gómez de Sarabia, en campos que éste último se afinca la ciudad de Magdalena, entre otras, al igual que la abuela María Ceferina Rodríguez Llanos, gente de campo; recuerdo cuando fui por Magdalena y llegamos a las tierras del campo familiar, allí estaba mi tía abuela y familiares, estaba en la cama por los muchos años que tenía, con arraigo en el lugar, emparentados con familias que fundaron Dolores, Chascomús y Tandil, entre otras, ella había nacido el mismo día, mes y año que Ceferino Namuncura y hasta el nombre llevaba, siendo devota del Santo, viviendo más de cuatro veces que Él, recuerdo que tenía un altar a la antigua usanza con piezas de plata que dejaban en el mismo como agradecimiento de alguna promesa pedida y concedida, seguro sobre salud, un recuerdo vivido en la casa de Santo Domingo, una manzana y el chalet de los fundadores del pueblo, comprada por mi abuelo Adolfo, que hoy está en venta allí, herencia de la familia.

Por línea materna, mi abuelo, Emiliano Casielles Amandi, del Principado de Asturias, cerca de Oviedo, en la comarca de Rosadas, en Villa Viciosa, España y su esposa, Fermina Anza Agorreta Urquiza Zunda, nativa del Viejo Monsalvo, hoy Partido de Maipú, también vascos venidos más recientes, como hacía referencia, donde su madre había nacido por 1868 en ese pago, donde vivía Melitón Fierro, mandado a la frontera por una pelea allí en 1866; la familia de Policarpo Vera y su hermano Pablo, de la zona, también dan una pelea con Melitón en la Rosa de Acosta, creo que las disputas han sido más de una, también estaba en ese lugar Ceferino Monjes, entre otros gauchos; mis bisabuelos, padres de mi abuela Fermina, eran vascos de Navarra, en España, allí he encontrado sus raíces de mis tatarabuelos.

Mi abuelo Casielles viene de Asturias en donde tenemos familia; del apellido, la ebanista calificada Casielles, es la que le hizo el cofre para la boda del Rey Juan Carlos; en cuanto a los Agorreta de mi bisabuelo, familia que tienen registro de más de mil años, según información dada por familiares, allí por medio de mi correo electrónico, se ocupa de la prehistoria arqueológica y de historia antigua. Decana Universitaria en Madrid, universidad más importante hoy, con libros editados, María Jesús Peréx Agorreta, apellido que llega a América hace muchos años, y casualmente me he comunicado con ella para saber cómo estaba con esta pandemia que nos azota, por ahora todo bien.

En cuanto a mis ancestros Suárez directos, llevo un registro de 370 años y debo seguir las huellas, el Apellido está en América desde el descubrimiento, fundadores, virrey, gobernadores; a lo que se por ahora, la rama mía, por el 1600, estaba afincada en Buenos Aires virreinal, mi tatarabuelo José, casado con María Teodora Salazar, pertenece a la genealogía de Luján, casados en el año 1685, luego pasan con tierras al Pago de la Magdalena y se afincan en la zona, también están desde los primeros años de Dolores en registro de tierras por 1828, primo, de apellido Peredo de La Vega, mi abuelo viene hacia General Lavalle por 1920 y su hermano Marcelo lo hace por el Deseado, provincia de Santa Cruz y las hermanas por Magdalena y Chascomús, por lo que sé.

Es una historia tan grande, aquí cuento casi nada, pues, cada vez que abro nuevo registro, tengo tantos caminos que se me hace cada vez más frondoso el árbol, se liga y se emparienta con otros, muchas familias del viejo Buenos Aires virreinal, fundadores de América española y de la Patria Argentina.

El recordar la familia fortalece nuestro largo peregrinar por el mundo, que con los adelantos dados, se facilita y el hábitat se puede recorrer y pareciera que todo queda más cerca. El fortalecer y tener en cuenta, que la sangre que corre por nuestro cuerpo, tiene importancia y es muy desconocida, pero es el resultado de la evolución humana, y esta allí aquello que a veces no podemos explicar por falta de conocimiento. El origen de los grupos sanguíneos, algo muy interesante, es el resultado de momentos en nuestra evolución, según recuerdo haber leído, el grupo 0 (cero), que llevo y llevamos la mayoría de nosotros, mayoría de los vascos según cuentan, es el más antiguo, en unos 40.000 años, de una alimentación con proteínas de la carne. El siguiente al parecer es el A, con unos 25.000, con base en cereales y vegetales, luego el B en unos 15.000, de habitantes nómades, y por último el AB, de la mezcla de los dos, y todos relacionados a regiones distintas, de nuestro planeta tierra.

Los recuerdos y el saber llevan a construir lo vivido, marcamos esos futuros que se han hecho pasado, todo producto de presentes vividos por las distintas generaciones, marcando identidad, para contar grandes epopeyas, es bueno ir por la memoria de los viejos, una fortaleza que abre camino.

Noé Zenón Suárez Casielles

Deja un comentario