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Reconocido comerciante dolorense, a los 52 años decidió cumplir uno de sus sueños, encarar el ascenso de una montaña. En esta nota nos cuenta su experiencia y sus ganas de continuar por este camino de deporte y aventura.

Luego de su experiencia en el Lanín tuvimos oportunidad de charlar con Claudio López, a quién pedimos que nos contara de él y qué significó escalar esa montaña.

“Vivo en Dolores desde 1992” comenzaba diciendo, y resaltaba: “Me vine después de las grandes catástrofes económicas. Tuve comercio primero, me fue mal, estuve trabajando de empleado en un negocio conocido donde me fui haciendo amigo y conocido de la mayoría de la gente de Dolores. Después tuve la suerte de poder salir por mis propios medios y soy un comerciante conocido de la ciudad. Siempre me gustaron los deportes raros y extremos. Por ejemplo el montañismo, el paracaidismo, el buceo, ese tipo de deportes no tan masivos y habituales, más unipersonales. Traté de mantenerme, cuidarme, hoy tengo 52 años y sigo con las mismas inquietudes deportivas”.

 

- ¿Y por qué las montañas en particular?

La idea de subir a montañas es algo que toda la vida me interesó, y que alimenté mirando películas, videos, y también incentivado por lo que ha hecho Alfredo Barragán, tantas hazañas y aventuras. Se me ocurrió hace varios años probar a ver si podía, y si de verdad me gustaba tanto como pensaba. De ahí salió esta idea. El ante-año pasado empecé a prepararme tranquilo, comprándome las cosas, el equipo, entrenando en el gimnasio. Con paciencia. Fue un proyecto a futuro que preparé y consulté con gente con experiencia, por ejemplo “Juanjo” Ferrer, a quien encuentro en el “gym” y que ha subido muchas montañas. Y se dio finalmente, pude darme el gusto en noviembre del año pasado e ir al volcán Lanin.

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- ¿Por qué eligió el Lanin y en noviembre?

Lo elegí porque me parece un lugar de referencia. Y la fecha por cuestiones de trabajo mío, son meses donde estoy más holgado de tiempo. Y además recién comienza la temporada, hay poca gente; soy medio ermitaño, no me gusta que haya demasiados grupos. En esta época, diciembre y enero, suele subir mucha gente. Por eso fui en noviembre. Fui comprando equipo de a poco, ultimé detalles antes de viajar y estaba listo. Éramos un grupo organizado de tres personas los que íbamos a viajar, pero por distintas cuestiones los otros dos chicos no pudieron viajar. Yo lo tenía decidido así que fui solo. Allá me uní a dos compañeros más que también habían ido solos, nos juntamos con la empresa que brindaba el servicio y nos largamos.

 

- ¿Cómo sintió la experiencia?

Para mí fue una experiencia hermosa. Al que le gusta el montañismo me va a saber entender quizás mejor: sos vos y lo que percibís por la retina, los sentidos. Así estés agotado, transpirando, muerto de frío, cualquier circunstancia no empaña la satisfacción de hacerlo. Y estar allá arriba, es una sensación imposible de explicar con palabras. Hay que hacerlo, vivirlo. El lugar ese es una parte del mundo para disfrutar a pleno.

 

- ¿Tiene mucho que ver la preparación física?

Sí, el estado físico es primordial. Hay personas que han subido y dicen que no se han preparado. Pero no se puede realizar bien sin prepararse. En mi caso no pude llegar a la totalidad del recorrido por un problema que no tuvo que ver con mi preparación y estado físico en sí. Pero llegamos a un gran tramo sin problemas de aire ni de otro tipo. El primer tramo del ascenso cedió la nieve, caí en un pozo, se me torció la pierna.

 

- ¿Cómo repercutió en   el ánimo ese golpe?

Era el primer día, estaba con la mochila toda cargada, y empecé a sufrir las consecuencias más arriba. Llegamos hasta una parte, el plato, de poco más de 3 mil metros. Hicimos 200 metros más, lo intenté para no fallarle a mis compañeros. Porque es normativa de la empresa de que si a uno le pasa algo y debe bajar, bajan todos, eso se habla antes, y todos estamos de acuerdo. Lamentablemente me tocó a mí y me dolió por mis compañeros, porque hay que hacer un sacrificio tanto de físico como laboral y económico. De cualquier modo hicimos un tramo importante, faltaron los últimos 500 metros que son los más difíciles. Tal vez si hubiese querido podría haber llegado, pero no sé cómo hubiera podido descender. Me costó bajar con una sola pierna. El guía, una persona espectacular, me brindó todas las facilidades para bajar. Aún habiéndome lesionado la rodilla disfruté la experiencia, hasta ese mal momento disfruté. Es lindo aunque te vaya mal.

 

- ¿Vivió la experiencia de los distintos momentos del día?

Por suerte sí, salimos de la base a media mañana, llegamos a la tarde al refugio, pasamos la noche ahí, dos de la mañana iniciamos el ascenso a la cumbre. El amanecer en la montaña es un sueño. Tengo fotos y videos que no alcanzan a dimensionar lo maravilloso que es. Lo que entra por tus sentidos a tu mente, te lo llevás para siempre. Es indescriptible.

 

- ¿Va a volver?

Por supuesto. Desde que bajamos nuevamente hasta la base, pudiendo apenas caminar, me dije que el año que viene (o sea este), dentro de 365 días, voy a estar de nuevo acá. Es algo que te incita, te pide más. Si no pude hacerlo, tengo que volver a intentar. Hay otros proyectos, pero todo es paso a paso. Me estoy preparando de nuevo para hacerlo en noviembre, y en contacto con mis dos compañeros para que lo volvamos a hacer juntos.

 

– ¿Qué le diría a los que todavía no pudieron o no se animaron, y tienen ganas de vivir la experiencia?

Les diría que lo haga una o diez veces, será una experiencia inolvidable. Y es un vicio. Los que ya lo venían haciendo y me lo comentaban, me decían que una vez que arrancás no querés parar, y es cierto. Te encontrás tan lejos de todo lo diario que vivís, que es una sensación que querés volver a vivir, a sentir, una satisfacción humana única.

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