A las 5.25 del 25 de enero de 1997 el fotógrafo de la revista Noticias, José Luis Cabezas, era ultimado de dos balazos en la nuca en una excavación de un camino rural en el partido de General Madariaga.

El crimen llevaba implícito un claro mensaje mafioso, el cuerpo sin vida del fotógrafo apareció con las muñecas esposadas en el interior del Ford Fiesta en el que movilizaba, completamente calcinado. La autopsia reveló que previamente al crimen había objeto de una feroz paliza.

La instrucción de la causa no fue fácil para el Dr. José Luis Macchi, ya que debió lidiar con presiones políticas y de algunos medios durante la cobertura más extensa de un crimen en la Argentina, también por la movilización social que se generó en demanda de justicia. Además el Juez sufrió amenazas, las que si bien siempre relativizó habían existido.

En la instrucción policial sobreabundaron las torpezas (¿torpezas?), aparecieron testigos que no hacían más que “embarrar la cancha”, sectores vinculados a la investigación que procuraban direccionarla en un sentido absolutamente contrario a la realidad de los hechos. Aparecieron los cinco “pepitos” marplatenses detenidos como presuntos autores del homicidio, sospechosos manejos en una autopsia de apuro y en las pericias balísticas sobre el arma secuestrada en poder de uno de estos, que sin dudas comprometieron seriamente el éxito de la investigación en su primer tramo.

En ese marco algunos descalificaban al Dr. Macchi, diciendo que la investigación era demasiada carga para un “juez de pueblo chico”. Este sin embargo, acompañado de sus colaboradores más directos siguió avanzado hasta que a fines de 1998 cerró la investigación, y la envió a la Cámara Penal para la realización del juicio oral, aunque quedaran algunos puntos oscuros pendientes.

En el juicio, que se realizó entre el 14 de diciembre de 1999 y el 2 de febrero de 2000, los camaristas Dres. Pedro Raúl Begué, Jorge Luis Dupuy y Susana Miriam Yaltone, juzgaron a los imputados como autores materiales e intelectuales del asesinato, quedando acreditado que habían participado los policías de la costa Gustavo Daniel Prellezo, Aníbal Luna y Sergio Cammarata; los integrantes de la “banda de Los Hornos”, Horacio Braga, Gustavo González, Héctor Retana y José Luis Auge, condenados los primeros a reclusión perpetua y los segundos a prisión perpetua. Otro imputado, el jefe de seguridad de Alfredo Yabrán, Gregorio Ríos, fue condenado a prisión perpetua como “instigador” del crimen.

Los camaristas no dudaron en señalar que el crimen de Cabezas se originó en su “actividad profesional como fotógrafo de la revista Noticias en Pinamar”, señalando al suicidado empresario Alfredo Yabrán como el instigador del crimen.

Pero también hubo un segundo juicio donde se juzgó al ex comisario de Pinamar Alberto Pedro Gómez, que fue condenado a prisión perpetua en base a distintos testimonios e indicios, ya que según la sentencia «sabía lo que iba a pasar y lo sabía con detalles» por su condición de titular de la seccional de Pinamar y su trato con la víctima.

Quienes siguieron el caso a través del voluminoso expediente judicial y otros testimonios, no dudaron en afirmar que hubo otros sospechosos que no fueron sentados en el banquillo de los acusados.

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