Iglesia

La Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, comparte el mensaje pronunciado por el Cura Párroco, Presbítero Maximiliano Turri, en la celebración de la Invocación de la Palabra, celebrado en la mañana del lunes, Aniversario de nuestra Independencia.

 

La independencia es sinónimo de libertad. Y la libertad es la capacidad de dominar los propios actos. Y solo en el dominio de sí mismo se es responsable. Convocarnos hoy en este templo para rezar por la independencia de nuestra patria es una oportunidad para que recemos los unos por los otros y lograr el máximo anhelo de todo corazón humano, la libertad. Es decir, no depender de algo ni de alguien que nos domine.

Las lecturas que acabamos de oir son reflejo de la independencia de quien se anima a vivir en Dios. Volvemos a beber de la fuente de la salvación que nos otorga la fuerza que la Palabra de Jesucristo tiene: “Felices los pacientes, felices los misericordiosos, felices los que trabajan por la paz”. Solo quien es capaz de hacerse violencia a sí mismo y dominar sus reacciones es capaz de ser independiente. En vez de ejercer la violencia sobre los demás, la aplica sobre sí para no ser esclavo de los impulsos que lo dominan. Así lo decía la primera de las lecturas: “sopórtense los unos a los otros, perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro”. Perdonar es mucho más valiente y exige más fortaleza que quien reacciona de la misma manera como ha sido agredido.

Presentar este camino desde la Palabra de Dios, es recordar las palabras del salmista: “el Señor promete la paz para su pueblo”. Invocar a Dios en este día es una oportunidad para que le pidamos, con humildad y confianza, el don de la paz. La paz que no es sinónimo de inacción o indiferencia. Todo lo contrario, es la dinámica de quien vive en la verdad y se deja guiar por Dios, “fuente de toda razón y justicia”. Escuchar la voz de Dios que nos habla al corazón, es la oportunidad para que nos sintamos cuestionados y supliquemos la “fuerza que viene de lo Alto” y poder ser constructores de paz. Sinónimo de independencia personal, dejando de ser esclavos de nuestras reacciones.

El evangelio manifestaba la fuerza que Jesucristo nos ha otorgado, con una expresión más que elocuente: “Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal”. Obrar de esta manera es propia de quién ha recibido el bautismo y que se llama cristiano. Es ser independiente en el sentido pleno; ya que no depende de las acciones externas, sino que tiene la paz de Dios, que lo sostiene aún en las contradicciones diarias.

Devolver el mal con bien es propio de quién tiene una fortaleza interior admirable, que se ha dejado transfigurar por la presencia de Dios en su vida. Y es una garantía para el futuro, ya que será capaz de ofrecer esperanza a quienes vengan detrás. Necesitamos personas que sean capaces de reaccionar de manera diferente. Necesitamos mostrar a los más chicos que se puede actuar de otra forma. Todos estamos cansados de repetir esquemas ya agotados. Que nos asfixian y que no encontramos salida. Y que padecen los más débiles de la sociedad. Aquellos que no tienen capacidad de defenderse: las vidas en el seno de las madres, los pobres, los niños, los ancianos y los enfermos.

Celebrar el aniversario de la Declaración de la Independencia es la oportunidad para que cada uno de nosotros pidamos con humildad el don de la paz, de la libertad, de no depender de nadie más que de Dios y de nuestras decisiones. Dejando de ser esclavos de los impulsos y haciéndonos responsables de nuestras acciones. Pidiendo perdón cuando sea necesario y devolviendo el bien. Siempre, ante cualquier circunstancia, con la ayuda de Dios.

De esta razón es que brota la voz de la iglesia que habla en nombre de los que menos valen. Habla al corazón de cada ser humano. A todo hombre de buena voluntad. Habla con la libertad que le da la fuerza del Espíritu Santo. Valen las palabras que pronunciara ayer mismo en la Basílica de Luján el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina:

“Hemos recibido nuestra vida como don, por eso debemos cuidarla, tampoco somos dueños de otra vida humana. Es otro cuerpo, otra vida sobre la que no tenemos poder. Chicos y chicas, el aborto no es un derecho sino un drama.

Este drama nos llena de angustia porque se puede plantear la opción entre dos vidas. Pero el drama tiene un final abierto y podés decidir en favor de las dos. Tampoco es cierto que vos podes hacer lo que quieras y que a nosotros no nos debe importar. Este razonamiento es fruto de una cultura que nos obliga a desentendernos de los demás como si la Patria fuera un amontonamiento de individuos en el que a nadie le importa que el otro se lastime. Cuanto más queremos a las personas, más nos importa lo que les pasa”.

Independencia es libertad. Libertad es responsabilidad. Pero responsabilidad no es sinónimo de indiferencia. Los dramas ajenos no pueden dejar de dolernos. Eso no debemos olvidarlo.

Amén.

Padre Maxi

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